Un día en la vida
José M. Galán
-1.jpg)
De vivir padezco la incredulidad esa de quien sufre un accidente: El tiempo se detiene y solo se alcanza a pensar con desesperación: "Esto no está ocurriendo, esto no está ocurriendo..."
Sábado, 24 de Mayo
¿Qué puede importar luego? Ni siquiera está ahí, ni siquiera está ahí. Una vez, siendo un niño, me acerqué
muy despacio a un zorro distraído por unos perros que lo habían
cercado. Con un cuchillo que llevaba le atravesé el cuello y el zorro
herido boqueaba, buscando aire. Los perros quedaron tan sorprendidos como
el zorro -no tanto como yo-, y se alejaron. Quizá los ahuyentó
el olor de la sangre. El zorro, caído, me miraba, no entendía,
temía que siguiera lastimándolo. Moría despacio, se ahogaba.
No pude soportar esa mirada, corrí al caballo pero no llegué
a montarlo; volví al zorro. Con cuidado lo sumergí en un bebedero
de animales para terminar su agonía. No se defendió, pero tampoco
pude mantenerlo sumergido, el pobre zorro, con pocas fuerzas sostenía
su cabeza fuera del agua y me miraba con sus ojos amarillos… corrí
de nuevo al caballo y esta vez me alejé de ahí. |
|Top|