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Anales de Bambú

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Otro libro muy antiguo--
que encontraron en la tumba de un rey
con la que se toparon de pura casualidad
haciendo un pozo para una carretera--,
y que se llama Anales de Bambú,
recopila la historia desde
el mítico Emperador Amarillo
hasta aproximadamente el año 300 antes de C.
 
Ahí se cuenta que la madre del que fuera
el Emperador Amarillo vio en el cielo
un resplandor que rodeó a la estrella Chu
de la Constelación de la Osa Mayor
y que fue notoria por su enorme luz
(hoy se cree que fue
la explosión de una supernova)
y en el instante quedó embarazada y
luego de 25 meses dio a luz a

El Emperador

quien ya hablaba al nacer y
del que se enumeran
cantidad de virtudes y hechos heroicos
un tanto disparatados pero,
lo encantador de este libro
es que junto a esas hazañas
también nos cuenta que
el magnifico Emperador Amarillo
durante su primer año de reinado

inventó el sombrero con pendientes
y una túnica que hacía juego con él…

y otra:
cuando un día aparecieron en el cielo
unas nubes portentosas y extraordinarias
puso nombres a sus ayudantes
de acuerdo con los colores de dichas nubes…


 

 

Veamos que más se cuenta del Emperador
en el Libro de Historia:
En el primer año de su reinado encomendó cálculos sobre ciertas estrellas,
en el quinto año salió de inspección por las montañas,
en el año 29 vino un jefe de los pigmeos a presentar sus respetos,
en el año 42 apareció una estrella brillantísima en el cielo
en el año 50 viajó por placer,
en el 52 exiló a su hijo Zhou,
en el 70 ordenó que su sucesor fuera Shun el de las montañas,
en el 71 ordenó a sus hijas casarse con Shun,
en el 73 resignó su trono a Shun
en el 74 Shun llevó a cabo su primer viaje de inspección
en el 89 Yao mandó construir un palacio en Tao donde se retiró a descansar y
allí murió a los 100 años de su reinado.
 
Brindo por Yao entonces.



 
A ver,
qué más nos cuenta el libro...
 
El rey Mu, de la dinastía Zhou,
decidió salir de paseo por el mundo
“para marcar a todos los países con las huellas de su carro y
las pisadas de sus caballos…”

Llegados a Chu,
antes de cruzar el río y entrar en el pueblo
los recibió un anciano.
El general Wang presentó al emperador y
el anciano se encogió en el piso
en señal de respeto.
El emperador mandó preguntar
si podían cruzar hacia las montañas y
el viejo respondió que sería preferible que no
porque tanto soldado asustaría a los pobladores.
El general Wang lo increpó con fiereza
-¡Cómo te atreves!
-No es atrevimiento, Señor,
respondo la pregunta del Emperador.
El emperador sofrenó a su general
y le dijo
-Vamos, general, bien podemos rodear el pueblo perfectamente, ¡andando!
y cruzaron el río un poco más allá.
Cuando estaban a unos kilómetros del pueblo,
ordenó a Wang, su general:

-Ahora vuelve,

destruye el pueblo,

y no dejes a uno con vida.

 

 


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