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Añoranza

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Esta es una carta que Hsieh Ling Yun (385 - 433) envía a su primo luego de que éste lo visitara en su retiro en Kuai Chi a dónde se había recluido para reponerse de una supuesta enfermedad -en realidad escapaba de los ´terremotos´ cortesanos que amenazaban su carrera; y que al final lo alcanzaron y terminaron con ambas, su carrera y su vida: fue condenado a muerte acusado de complotar con unos rebeldes. En el poema recuerda los días que pasaron juntos, sus paseos, sus charlas, la agradable presencia de un ser querido, la compañía que eso significa, pero, basta, que él lo cuenta tanto mejor:

Traído a la cama por la enfermedad, apartado de los hombres,
me resguardo entre estos picos siempre cubiertos de nubes.
Acantilados y valles, todo lo que veo y escucho
mis seres queridos –sus caras, sus voces, ¡tan lejanas!
ya no tengo esperanzas de encontrar un corazón compañero,
me temo que habré de seguir en soledad,
y cercano el fin del camino, este encuentro con vos, querido primo,
que terminó con mis preocupaciones, y trajo alivio a mi pesar.
Y una vez abiertos nuestros corazones
todo el bienestar que me regocija se debe a tu presencia.
Cruzaste los valles para llegar a mi choza,
abrí mis libros, te conté todo lo que tenía en mente.
Llegado el atardecer pensaba en cómo palidecería la luna,
por la mañana temía que el sol se ocultara demasiado rápido.
Caminamos juntos, incansables,
estuvimos unidos y ahora, otra vez,
                                      nos hemos separado.

Una vez que te despedí en la rivera del oeste
cargué con mi sombra a las laderas del este.
Fue triste nuestra separación y esa pena
perdura y pareciera no tener fin.
Un solo pensamiento: esperar tus noticias;
¡y llegó tu poema “Cruzar el río”!
me cuentas tus peleas con vientos y olas,
cada uno de los bajos y playas.

Playas en las que te detenías demasiado,
vientos y olas que te demoraban.
Abrigado por tus recuerdos de la Capital, tan lejana,
¿cómo voy a pensar que podrías recordar estos valles desiertos?
Pero me has sorprendido con tu mensaje,
que tan sólo logra alborotar mis ideas.

Ay, si vinieras,
si pudieras volver, tal como me dices,
juntos podríamos disfrutar del fin de la primavera.

Fines de primavera… ¡aún habrá tiempo!
pero más tiempo tendríamos si llegases un mes antes,
cuando en la montaña están despertando los brotes.
Sigo disfrutando del canto de los pájaros,
pero hay un dejo a tristeza en mi casa retirada.
Entre sueños esperaré el regreso de tu bote
que vuelva a alviarme de esta pena y añoranza.

 


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