ANTERIOR

Ceremonias Nocturnas

SIGUIENTE


 

 

Media noche.
El Gran Salón de Ceremonias
está iluminado por faroles
que proyectan largas sombras.
Hace frío.
En el centro del salón
un podio cuadrado iluminado por
cuatro faroles de madera laqueada
y finísima seda, más grandes,
y brillantes que los demás.
Está alfombrado de verde
rodeado por una balaustrada de maderas en color bordó,
que contrasta con los dorados y rojos de las paredes.
Todo está en silencio.
En el sector norte se ve a los músicos,
tan inmóviles
que podrían tomarse por estatuas.
Delante de ellos resplandece el enorme gong dorado
con el signo del Ying Yang en su centro.
 
De pronto se percibe un susurro,
unas puertas que se abren
y entra el emperador
y selectos miembros de su corte.
Todos vestidos de gala,
sus ropas son majestuosas,
difíciles de llevar,
impresionantes.
Sus movimientos son suaves,
estudiados.
Caminan con la vista fija en un punto delante,
cada uno absolutamente consciente del momento
y de cada uno de sus movimientos.
Parecieran respirar al unísono.
En silencio se ubican en sus sitios.
Al sur el emperador,
al este los ministros
y al oeste el resto de los cortesanos
invitados a la ceremonia.
Vuelve la quietud a la inmensa sala.

Suavemente
se escucha como un lamento,
pero es el sonido de una flauta.
Al desgarrador silvido
se suman otros instrumentos de viento.
El sonido hiela la sangre.
Irrumpe un gong, acompasado,
y luego un tambor un poco más quedo.

Una sombra
cubre de pronto el escenario.
Se aproxima el shamán
que llevará a cabo la ceremonia.
Su cara está cubierta
por una máscara estremecedora.
Sus ropas son finísimas,
con bordados complejos,
en la que predominan los colores
rojo y dorado.
 
Se mueve lentamente,
primero levanta un pie,
baja suave, apoya el talón
y luego toda la planta,
siguiendo el rimo
que marca el gong.
 
Pareciera haber robado
el alma de sus espectadores.
Todos los ojos fijos en él,
allí se encuentra el corazón
de cada uno de los espectadores.
 

Se representa la creación del universo
luego de dar muerte a la serpiente
que devoraba todos los intentos previos,
el caos.
El Shamán
encantará la serpiente con su danza,
se aproximará a ella
en círculos
y tomándola en sus manos,
le cortará el cuello.
Mostrará la serpiente decapitada,
a las cuatro direcciones,
la dejará en las sombras
y se retirará de escena.
 
Tanto se ha dicho de esta danza,
tanto se ha escrito.
Tan solo el emperador,
algunos miembros de la corte y
los grandes ministros
podían presenciarla
luego de una purificación previa de varios días,
en los que se llevaban a cabo
ayunos y baños rituales.
Se decía que
si algún indeseable presenciara la escena,
moriría en el acto.
Otros decían que nada vería,
que sería imposible siquiera
ver el sector sagrado sobre el que se la representaba.
 
Hoy,
empobrecido el mundo,
pude ver una parte de esa representación.
 
Es cierto lo que dicen
en cuanto a lo que una persona común
sería capaz de percibir en ella...

 

 

 


ARRIBA

INDICE

SIGUIENTE