ANTERIOR

El Búho

SIGUIENTE


 

 

El Búho

Jia Yi (200 – 168 a. de C.)

 

Es la obra más antigua que se conserva en formato de rapsodia, fu, cuyo autor y época de composición son más o menos fidedignos. El texto completo está recogido dentro de la biografía de su autor en Los Anales de la Historia, de Si Ma Chien, compilado alrededor del año 100 antes de Cristo. Jia Yi lo compuso siendo el consejero de un reyezuelo del sur, un puesto al que había sido ´desterrado´ por alguna metida de pata en la corte. Jian Yi lamentaba profundamente su suerte, no era fácil la vida lejos de la corte para quien se había habituado a ella. Y recurrió a todas las prácticas del taoísmo para encontrar consuelo. Estaba convencido de que no viviría mucho tiempo más si seguía en esa zona pantanosa e insalubre. Y un día entró por la ventana de su habitación un búho y se posó sobre una de las sillas, un signo de mal agüero.

El poema es un poco largo, a mi gusto, claro, pero refleja bien el estilo de las rapsodias, siendo esta del búho, la más agradable de todas las que pude leer, la mayoría de ellas un largo enumerar de objetos y lugares elegantes cuyo único fin pareciera ser

el placer

de largar al ruedo

palabras bonitas.

 

 

El Búho

En el año dan-e,
el cuarto mes y el primero del verano,
el día gu-zi,
cuando el sol estaba bajo en el oeste,
un búho entró en mi habitación
y sin demostrar temor alguno
se posó a un costado de donde yo estaba.
 
Muy preocupado
consulté en un libro para descubrir
la maravilla de su visita, y
el oráculo dijo:
“Pájaros salvajes que entran a un salón:
el amo pronto partirá”
 
Hubiera querido poder preguntar al búho
“¿A dónde es que iré?
¿me traes buena suerte?
Dime,
¿alguna desgracia?
¡Cuéntame lo que me sucederá!
¿Deberé partir de inmediato?
Dímelo, ¡dímelo de inmediato!”
El búho tomó aire y suspiró,
levantó su cabeza y batió las alas
pero de su pico no salió una palabra.
 
Dejen que les cuente qué hubiera dicho
de haber hablado:
-Todas las cosas se alteran y cambian
nunca hay un descanso,
revolviéndose, girando, y rodando por ahí,
yéndose y volviendo de lejos,
forma y aliento se intercambian
como las formas de una chicharra,
profunda, sutil y de forma ilimitada,
¿quién puede describirla acabadamente?
La buena suerte es seguida por la mala,
lo malo sigue a lo bueno,
pena y alegría se alternan,
prosperidad y miseria
se suceden en la misma tierra,
Wu fue un gran estado pero
bajo Fu Chia se hundió por completo,
Yue fue aplastado en Kuaiji,
pero Goujian lo convirtió en Regente,
Li Shi, que buscó siempre la grandeza
terminó descuartizado en cinco,
Fu Yue fue enviado cautivo
pero Wu Ting lo hizo su ayudante.
De modo que fortuna y desgracia
se entremezclan como las hebras de una cuerda.
La suerte no puede predecirse
¿quién es capaz de conocer el fin de la historia?
El agua, revuelta, corre salvaje,
la flecha bien lanzada va directa.
Todas las cosas andan
girando y corriendo
empujando y forzándose
unas a otras.
Las nubes suben altas, la lluvia cae
en confusión toda mezclada.
La Gran Olla que produjo todas las criaturas
es infinita, ilimitada,
no hay cálculo posible para el Cielo,
ni forma de precisar el Tao.
El ciclo de la vida está jugado,
el hombre no puede percibir su fin
Cielo y Tierra son el horno,
el obrero, el creador,
sus carbones son el ying y el yang,
su cobre todas las cosas creadas,
uniéndose, partiéndose, fluyendo y expandiéndose,
¿dónde hay persistencia o límite?
Miles, miríadas de mutaciones
careciendo de un fin o comienzo
de pronto forman al hombre:
¿cómo es que se logra esto?
Y una vez más
es transformado a su muerte:
¿acaso esto te deja perplejo?
el obtuso siente orgullo,
se ríe de otros
enamorado de su ser.
El hombre sabio ve la vastedad
y sabe que todas las cosas son impermanentes.
El mísero corre tras riquezas
el héroe por un buen nombre.
El orgulloso se esfuerza por reunir poder,
mientras que la gente común se aferra a su vida,
buscando placer, empujados por la aversión,
corren enloquecidos de este a oeste.
El hombre grande no se comporta así,
un millón de cambios son un mismo cambio para él.
El estúpido está atado a las costumbres
sufre como un prisionero encadenado.
El sabio abandona las cosas
y sólo anhela la unión con el Tao,
mientras las masas vacilan
arrastradas por el quiero-no quiero en sus corazones.
Límpido e inamovible, el verdadero hombre
sólo encuentra la paz en el Tao.
Trascendiendo,
destruyendo el ego,
vasto y vacío,
rápido y silvestre
vuela en alas del Tao.
Descarta la sabiduría,
se olvida de las formas,
nacido en los rápidos
él navega y descansa entre los islotes,
abandonado a su suerte,
despreocupado de sí,
su vida es un flotar,
su muerte un descanso.
Plácido como el agua de un estanque profundo,
a la deriva despreocupado como un bote que soltó su amarra,
no se complace en estar vivo
y cultiva el vacío y la deriva.
El hombre virtuoso
vive desapegado,
acepta el destino y
no se preocupa,
problemas,
yuyos y espinas
¿qué son para él?

 

 

No sabemos si Jia Yi siguió los consejos del búho. Como él temía, murió de disentería poco tiempo después.

 


ARRIBA

INDICE

SIGUIENTE