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El Debate de la Sal y el Hierro

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Aunque las ideas de Confucio fueron tenidas en alta estima desde la época de los Han en adelante (200 a. de C.), sus seguidores raramente estuvieron de acuerdo con el modo en que se gobernaba. Sobre todo durante el gobierno del emperador Wu, cuyas medidas fueron muy criticadas por los Confucionistas. Con el fin de generar los medios para subvencionar sus campañas militares, este emperador manipuló la emisión de moneda, confiscó tierras a los nobles, vendió puestos y títulos, y subió los impuestos. También estableció el monopolio gubernamental sobre la sal, el hierro y los licores, empresas que anteriormente estaban en manos privadas. También el negocio de la comercialización de los granos fue fiscalizado buscando establecer un sistema más equitativo y supuestamente, para evitar la especulación con el grano, proveer un precio más constante y que la ganancia que brindaba su comercio quedase en manos del gobierno.


Desde su establecimiento estas medidas fueron muy controvertidas. Los Confucionistas cuestionaron de entrada su moralidad y el efecto que acarrearía sobre la población. Ellos pensaban que la agricultura era fundamental, la raíz de toda actividad y que las artesanías y el comercio no producían un beneficio real y por lo tanto lo desalentaban. Aunque el gobierno proclamaba que las medidas habían sido tomadas para proteger al pueblo de la explotación de los mercaderes, sus críticos argumentaban que enseñaba al pueblo los trucos mercantiles para el propio establecimiento en el negocio. En el año 81 antes de Cristo, luego de la muerte del emperador Wu, eruditos confucionistas que se oponían a la política fiscal establecida por él, fueron invitados a debatir el caso con el primer ministro, el hombre que había instrumentado tales medidas. Un registro de 24 capítulos de tal debate se conserva, el primero de los cuales se presenta aquí.


EL DEBATE


En al año 81 antes de C. por un mandato imperial, se encomendó al canciller y primer ministro que debatiese con un grupo de hombres sabios y preparados acerca de las dificultades por las que pasaba el pueblo.

Los estudiosos dijeron: —Entendemos que el modo de gobernar se basa en la prevención de la frivolidad al tiempo que se promueve la moralidad, en terminar con la búsqueda del beneficio a la vez que se despeja el camino a la benevolencia y al trabajo. Cuando no se enfatiza el beneficio, una civilización florece y mejoran las costumbres de los hombres.

Recientemente el monopolio de la sal y el hierro, el impuesto sobre los licores y el mercado equitativo fue establecido en el país. Esto implica una competencia financiera con la gente lo cual mina su natural honestidad y corrompe el espíritu solidario. Como resultado, unos pocos se volcarán a lo fundamental (el cultivo de la tierra), y la mayoría hacia los secundario (el comercio y la industria). Cuando lo artificial prospera la simplicidad declina; cuando lo que es secundario florece, lo básico decae. El acento en lo secundario hace a la gente decadente, el énfasis en lo básico mantiene a la gente sin sofisticaciones. Cuando la gente no es sofisticada la riqueza abunda; cuando son extravagantes, el frío y el hambre tienen lugar.

Nosotros proponemos que los monopolios de la sal, el hierro y el licor, así como el mercado equitativo, sean abolidos. De este modo se revitalizará lo básico y la gente dejará de abocarse a lo secundario. De este modo la agricultura volverá a prosperar. Esto es lo apropiado.

El ministro: —Los rebeldes Xionghu continuamente atacan nuestra frontera. Para la defensa de nuestras fronteras se requiere del esfuerzo del ejercito de nuestra nación. Si no se toman medidas, estos ataques nunca terminarán. El anterior emperador tenía en cuenta las penurias de nuestros asentamientos fronterizos, gente que vive con el continuo temor de los ataques bárbaros. Como medida defensiva, entonces, mandó construir fuertes y establecer bases militares y cuando fueron escasos los medios para tal empresa fue que ordenó el establecimiento de estas medidas, el monopolio de la sal y el hierro, los impuestos sobre las bebidas alcohólicas y la regulación del mercado. De ese modo se obtuvieron las ganancias para mantener los puestos fronterizos. Ahora nuestros críticos quieren abolir estas medidas. De este modo menguará el tesoro y los puestos fronterizos quedarán desatendidos. Expondrán a privaciones, hambre y frío a quienes defienden nuestras fronteras ya que no hay otro modo de mantenerlos. La abolición no es apropiada.

Los estudiosos: —Confucio dijo: "Quien maneja un reino o encabeza una familia no ha de preocuparse por alejar la pobreza, sino más bien por una equitativa distribución de los bienes. No se preocupa porque sean humildes, sino porque no estén insatisfechos." Por eso opinamos que el emperador no debe hablar acerca de mucho o poco, ni los señores feudales de ventaja y desventaja, ni los ministros de pérdidas y ganancias. En cambio ellos deben establecerse en ejemplos de benevolencia, trabajo y virtuoso cuidado de su gente, de tal modo, quienes están cerca los seguirán y aquellos de lejanos lugares se someterán con júbilo a su autoridad. Por cierto, quien es un maestro conquistador no necesita pelear, el guerrero experto no precisa de soldados y el gran comandante no necesita ordenar sus tropas.

Si se logra un alto nivel en templos y en la corte, solo se necesita demostrarlo y traer de vuelta a casa las tropas, ya que el rey que es benevolente no tiene enemigos en ningún sitio. ¿Qué necesidad habría de recaudar fondos entonces?

El ministro: —Los Xionghu son salvajes y arteros. Cruzan las fronteras y atacan los pueblos, matando gobernantes y oficiales militares fronterizos. Y mereciendo un castigo ejemplar, su majestad el emperador se compadeció de la carga financiera que ello representaría en su gente, así como tampoco quiso exponer a sus oficiales a semejante salvajismo. De todos modos insisto en que necesitamos del ejercito fronterizo, fortalecerlo y expulsar a los Xionghu de vuelta al norte. De nuevo afirmo que terminar con el monopolio, los impuestos y el control de mercado debilitaría nuestro ejército en la frontera y sería desconsiderado para con los pobladores de fronterizos. Por ello esta propuesta es desapropiada.

Los estudiosos: —Los antiguos honraban la práctica de la virtud y desdeñaban el uso de las armas. Confucio dijo: "Si la gente de tierras lejanas no se somete, entonces el gobernante ha de atraerla aumentando su refinamiento y virtud. Y una vez que son atraídos, les da la paz."

Ahora se desdeña la moralidad y la confianza está puesta en la superioridad militar. Se reclutan tropas para campañas y se establecen bases defensivas. Son estas interminables campañas y el transporte de provisiones es incesante, lo que complica a nuestra gente en casa y causa sufrimiento a nuestros soldados en la frontera.

El establecimiento del monopolio de la sal y el hierro, y el decreto por el que los funcionarios de finanzas habían de sostener al ejército, fue una medida temporaria. Y ha llegado el momento de que estas medidas sean abolidas.

El ministro: —Los antiguos fundadores de nuestro país sentaron las bases para ambas ocupaciones, primaria y secundaria. Facilitaron la circulación de bienes y crearon mercados y cortes para armonizar las demandas. Se juntó gente de todas las clases y bienes de todo tipo fueron reunidos de modo que granjeros, mercaderes y trabajadores pudieron obtener lo que necesitaban. Cuando el intercambio de productos se llevaba a cabo, cada uno volvía a su casa. El I Ching dice: "Facilitad el intercambio de modo que la gente no se vea sobrepasada en su trabajo." Esto sucede cuando los granjeros no cuentan con herramientas y mercaderías, y no se logran las comodidades mínimas. Cuando los granjeros carecen de herramientas no se siembra, del mismo modo que cuando no hay mercaderías, decae la riqueza.

El monopolio de la sal y el hierro, y el mercado equitativo, fueron establecidos para mejorar el intercambio de la riqueza acumulada y para regular el consumo de acuerdo a las necesidades. Es desapropiado que sea abolido.

Los estudiosos: —Si por medio de la virtud se dirige a la gente, el resultado será la honestidad, pero si es tentada por el afán de obtener ganancias, se tornará vulgar. Y la vulgaridad la alejará de sus deberes; y pronto se aglomerarán en caminos y mercados. Lao Tse dijo: "Un país pobre parecerá tener abundancia". Pero no es que sus posesiones sean abundantes, sino que cuando se multiplican los deseos, la gente se torna inquieta. Por eso es que un buen gobernante promueve lo básico y desalienta lo secundario. Refrena los deseos de la gente mediante los principios del ritual y el trabajo, y arregla que el grano sea intercambiado por otras mercaderías. En sus mercados los comerciantes no trafican con mercaderías superfluas ni sus artesanos fabrican cosas inútiles.

El propósito de los comerciantes es el intercambio y el de los artesanos la fabricación de útiles y herramientas. Esto no se transforma en algo de incumbencia para el gobierno.

El ministro: —Guanzi dijo: "Si un país tiene tierras fértiles y aún así su gente está mal alimentada, la razón es que no hay suficientes herramientas. Si tiene riquezas naturales en sus montañas y mares y aún así su gente es pobre, es que no hay los suficientes artesanos y mercaderes." La laca escarlata y las plumas de los reinos de Long y Shu; los artículos de cuero, hueso y marfil de Jin y Yang; el cedro, bambú, teca y los juncos de Jiangnan; el pescado, la sal y las pieles y fieltro de Yan y Qi; la seda, el lino y otras telas de Yan y You— todo esto es necesario para mantener nuestras vidas o ser utilizados en los rituales. Dependemos de los comerciantes y mercaderes para la distribución y de los artesanos para su elaboración. Por esto fue que los antiguos construyeron los barcos y puentes; domesticaron las vacas y los caballos para poder viajar a través de montañas y llanuras. Viajando a territorios remotos podían intercambiar todo tipo de mercaderías para el beneficio de la gente.

Por esto es que el emperador encomendó a los funcionarios del hierro que suplan las necesidades de los campesinos y reguló el mercado para que los bienes sean distribuidos equitativamente. La mayoría de la gente tiene al monopolio y al mercado equitativo como su fuente de recursos. Por eso sostengo que abolirlo es inapropiado.

Los sabios: —Si un país tiene tierras fértiles y aún así su gente está mal alimentada, es debido a que los comerciantes y obreros han prosperado en detrimento de la agricultura. Del mismo modo si tiene riquezas naturales en sus montañas y mares y aún así su gente es pobre, es que las necesidades básicas han sido descuidadas al tiempo que los lujos se han multiplicado. Un arroyo jamás puede llenar una copa que esté agujereada; montañas y mares jamás pueden satisfacer ilimitados deseos. Por esto es que el antiguo emperador Pan Geng practicaba la vida comunitaria, el antiguo emperador Shun ocultó el oro y el fundador de la dinastía Han prohibió que mercaderes y comerciantes ocuparan cargos públicos. El propósito fue desalentar los hábitos ambiciosos y aumentar la sencillez y sinceridad de espíritu. En la actualidad, aún con todas las trabas al comercio, la gente sigue actuando malamente. Cuanto peor sería si los mismos gobernantes buscasen obtener beneficios.

En la Crónica Zhuo se lee: "Cuando el señor feudal se aficiona a sacar provecho, los funcionarios se vuelven desconsiderados y la gente se torna ambiciosa; cuando la gente es ambiciosa, el pueblo llano roba." De este modo, abrir las puertas a la búsqueda de beneficios es auspiciar que la gente se vuelva delincuente.

El ministro: —Normalmente los señores feudales y reinos menores envían los productos de sus regiones como tributo. El transporte es problemático y desorganizado y muchas veces estos productos carecen de calidad y es más caro su transporte que el valor que ellos representan. De modo que funcionarios de transporte fueron empleados en todas las comandancias y reinos para que asistan al envío de impuestos y tributos desde las regiones más alejadas. A esto es lo que llamamos mercado equitativo. Una oficina de recepción fue creada en la capital para todos estos bienes. Y a causa de que se los compra cuando los precios bajan y se los vende cuando suben, el gobierno no tiene pérdidas y los mercaderes no pueden especular buscando un mayor beneficio. A esto es a lo que llamamos un standard balanceado. Se protege a la gente del desempleo y el mercado equitativo distribuye el producto de su trabajo equitativamente. Ambas medidas fueron implementadas para la buena distribución y en beneficio de la gente. ¡Y no es lo que abre las puertas a la delincuencia!

Los estudiosos: —Los antiguos establecieron las levas e impuestos sobre lo que la gente estaba en condiciones de proveer. Así los campesinos contribuían con su cosecha y las mujeres tejedoras con el producto de su habilidad. En la actualidad el gobierno ignora qué tiene y de qué carece el pueblo. De ese modo la gente se ve obligada a vender sus productos por muy poco dinero para poder satisfacer las demandas del gobierno. Hace muy poco algunas provincias y reinados ordenaron a su pueblo que tejiesen ropas. Con este mandato los gobernantes causaron enormes dificultades a los productores y luego negociaron con ellos. Requisaron no solo la seda de Qi y Tao y los bordados de Shu y Han, sino que confiscaron hasta las ropas más comunes que hace la gente. Y luego se los vendieron 'a precios equitativos'. De ese modo los campesinos y tejedores sufrieron doblemente. ¿Dónde está la equidad del mercado?

Los funcionarios gubernamentales se aplicaron a obtener un mayor control sobre el mercado y almacenaron productos. De ese modo faltó mercadería y los precios subieron y mediante la especulación los funcionarios pudieron efectuar negocios en beneficio propio. Los funcionarios negociaron en secreto con los comerciantes las mercaderías almacenadas. Los gobernantes compran cuando la mercadería está barata, pero inescrupulosamente y movidos por la ambición de mayor riqueza. ¿Dónde está el standard balanceado?

Si el mercado equitativo de la antigüedad ayudó y brindó una justa división del trabajo y facilitó la distribución de sus productos, con seguridad que no fue con funcionarios buscando beneficios personales ni comerciando con esos bienes.

 


De: Chinese Civilization. A Sourcebook. P. Ebrey. Free Press.

 


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