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La Gran Muralla

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Aunque se considera una obra de Qin Shihuangdi 秦始皇帝 (259 - 210 a. de C.), el primer emperador de China, fue comenzada trescientos años antes, en pequeños sectores que él mejoró y unió en una sóla como un refuerzo a su idea de unificar su reino. Se dice que la palabra “China” viene de Qin -también pronunciado “Chin”, el reino de Qin Shihuangdi.

Aspectos históricos

El primer emperador, al unificar China en el 221 a. de C., mandó destruir las murallas que separaban a los anteriores siete estados en guerra permanente entre sí, y unió algunas de ellas en lo que luego se llamó La Gran Muralla. Las sucesivas dinastías repararon y acrecentaron secciones de esta muralla hasta llegar a la más extensa y perdurable, la que se terminó durante la dinastía Ming. Fue la tarea sucesiva de cantidad de dignatarios y de millones de personas que dieron su vida durante la construcción de los 6000 kilómetros de su extensión.

Todos los chinos sienten una gran admiración por su obra y sienten que al menos una vez en su vida tienen que viajar para verla. Se extiende desde el Oeste, en Jiayuguan 嘉峪關 en la provincia de Gansu, donde partía el camino de la Seda, hacia el Este, hasta llegar al río Yalu, al nordeste de Manchuria, una distancia de unos 6000 kms. Una rama este termina en Laolongtou 老龍頭 (Cabeza del viejo Dragón) en la costa del mar, a 5 Km de Shanhaiguan.

Para los chinos de la antigüedad, lo que seguía al Oeste de Jiayugua, la puerta oeste de la Gran Muralla, era considerado el fin del mundo civilizado; el paso recibía el nombre de La Ultima Puerta Bajo el Cielo. Al norte de la muralla se extendían tierras de pastores nómades considerados salvajes. Por tanto la muralla significó siempre para la psique de los chinos como la frontera entre el mundo civilizado y el bárbaro, lo desconocido, las inhóspitas estepas de los nómades salvajes.

Sima Qian escribió en el Shi-chi, 史記, Anales de la Historia, que bajo la orden de Qin Shihuangdi, el general Meng Tian movilizó unos 300.000 soldados y construyó la Gran Muralla que siguió los límites de la tierra civilizada, tomando ventaja de los accidentes naturales. Aparentemente, un adicional de 500.000 trabajadores forzados se sumaron más tarde. La Muralla siguió siendo restaurada y reconstruida o prolongada desde la dinastía Han (206 a. de C. - 220 EC) quienes sumaron unos 10.000 kilómetros y extendieron China más al norte de la anterior muralla de los Qin. Desgraciadamente todo ese trabajo fue abandonado y quedó en ruinas no mucho tiempo después.

Durante la dinastía Qi del Norte 北齊(550-577), cerca de 1.500.000 personas fueron movilizadas para construir un sector de la Muralla, desde Juyong Guan a Datong en el oeste. La dinastía Sui llamó a otro millón de conscriptos para reparar y extenderla. Se llegó al extremo de obligar a las viudas a continuar con el trabajo cuando los maridos fallecían. Pero luego, bajo la dinastía T´ang, otra vez la muralla fue abandonada a su suerte, pensando que podían defenderse de los norteños sin valerse de ella. Luego, la dinastía siguiente, los Song, perdieron todo el norte en manos de los Liao una tribu Khitans 契丹(916-1125). Hay quienes dicen que la palabra Catay, China, proviene de este reino Khitan.

La siguiente fase de reconstrucción se debió al imperio Yuan, Mogol, en 1368, cuando el fundador de la dinastía Ming, Zhu Yu Yuanzhang 朱元璋(1328-1398), confió el trabajo a su general Xu Da. Más adelante, en 1568 los generales de la dinastía Ming, Tan Lun (1520-1577) y Qi Jiguang (1528-1587), fueron quienes se dedicaron a la preservación de la muralla en las cercanías de Pekin.

La famosa muralla que vemos hoy en día en la parte Este, fue construida durante la dinastía Ming y no es la original de los Qin y Han.

Construcción de la Gran Muralla

La principal dificultad de la construcción se debió a que, para lograr una ventaja estratégica, aprovecharon los accidentes del terreno, y en las cimas de los montes localizaban fortificaciones que pudieran mantener una buena vigilancia del terreno y allí era dónde residían los soldados y se almacenaban las provisiones y armamentos.

Los materiales que utilizaron fueron distintos y dependían de lo que pudiera utilizarse en cada zona en donde se construía. La Qin y Han principalmente fue construida con tierra, arcilla, juncos, madera y piedras. Los Ming, 15 siglos después usaron barro, ladrillos y piedras talladas. En algunos sectores de la Muralla, para certificar la buena calidad de los ladrillos, cada fabricante imprimía su sello en ellos, y la fecha de entrega. Adoquines de piedra eran tallados y enviados desde canteras lejanas, algunos de ellos llegaron a pesar una tonelada y eran de hasta 3 metros de largo, con el consiguiente esfuerzo que requería su transporte a la zona requerida.

Los Ming construían en dos etapas: primero levantaban dos paredes y luego se rellenaba el espacio entre ellas. La base era más ancha que el tope. Luego se pavimentaba encima y se le construían los fuertes y las almenas en donde se colocaban cañones. Para prevenir la erosión por las lluvias se ideo todo un sistema de drenajes.

El trabajo tedioso, la mala alimentación, el frío, el calor y los enemigos que los asediaban continuamente, diezmaba a los trabajadores de la Muralla. Se estima que los Ming se valieron de 100 trabajadores por cada uno que se requirió en las etapas anteriores.

El propósito defensivo de la Muralla era más de vigilancia que el de mantenimiento de un frente armado. Muchos de los sectores eran particularmente desolados y los alimentos y vituallas debían ser aprovisionados siguiendo senderos tortuosos entre colinas inmensas, y acarreados a pie, sobre las espaldas de los porteadores. De modo que en muchos sitios era imposible mantener tropas estacionadas y simplemente se dejaba una guardia para que diera la señal de alarma en caso de ataque. Los nómades atacaban y quebraban las defensas en muchos de los puntos de la Muralla, pero ya se había cumplido con el cometido de enviar la alarma hasta el lugar en donde se acantonaba el ejército.

Tenían un sistema de señales de humo en el que detallaban el ataque y cuántos enemigos lo llevaban a cabo. En pocas horas las señales recorrían miles de kilómetros. Para lograrlo, los vigías debían tener siempre cantidad de madera y se valían hasta de excrementos de lobo en los lugares más desolados para poder hacer los fuegos que transmitirían las señales. Más tarde, los Ming, además de las señales de humo, utilizaron un código de cañonazos para dar la alarma.

Para terminar tenemos que contar la vieja leyenda de Meng Jiangnu, una mujer que viajó hasta la muralla para encontrar a su marido reclutado y entregarle el abrigo que le había cosido cuando supo del frío que hacía en el Norte. Pasó mil penurias en su viaje, y cuando logró llegar al lugar, su marido ya había muerto. Como era costumbre los restos habían sido enterrados bajo la muralla. Jiangnu lloró y lamentó tanto a su marido que el cielo se apiadó de ella y la sección que cubría el cadáver se derrumbó y los huesos quedaron a la vista. Así fue que pudo realizar el entierro con los rituales correspondientes. Luego se suicidó para acompañar a su marido. En Shanghaiguan hay un templo construido en su honor.

 

 

 


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