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La muerte del duque Jing y

la paz de los dragones

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Una noche
el duque tuvo un sueño espantoso:
se le aparecía un ogro
con el pelo todo revuelto y
largo hasta el suelo que,
furioso, le gritaba:
“¡Mataste a mis nietos, y
dios me ha prometido venganza!”.
El ogro destruía los portones del palacio y
el duque corría a esconderse en su habitación pero
el ogro lo perseguía y
tiraba abajo la puerta y se le iba encima.
En el momento en que lo levantaba del cuello,
el duque se despertó.
Muerto de miedo por el sueño
mandó a llamar al hechicero.
El hechicero antes que el duque hablase
le contó el sueño tal como había sido...
-¿Qué será de mí?, le preguntó el duque.
-No vas a vivir para comer el grano de la próxima cosecha,
le contestó el shamán.
Luego de esto el duque se enfermó
gravemente.
Durante un acceso de fiebre
soñó que la enfermedad se apersonaba
en la forma de dos niñitos y
uno le decía al otro:
-El duque va a llamar a un médico excelente,
¿cómo hacemos para salvarnos?
El otro niño le contestó:
-Escondámonos entre el pulmón y el corazón,
nada podrán hacer contra nosotros ahí.
Cuando despertó
el duque mandó llamar a su médico.
El médico lo examinó
y le dijo:
- No puedo hacer nada,
su enfermedad está
entre el pulmón y el corazón.
La enfermedad, de todos modos,
pareció aliviarse y
llegó la época de la cosecha y
el duque decidió enfrentar la profecía:
se hizo cocinar un plato de cereales y
lo comió con gusto.
Al ver que no sucedía nada,
mandó matar al hechicero por mentiroso.
Pero al momento
su estómago se dio vuelta y
comenzó a vomitar y
corrió al baño porque
se cagaba encima.
Cuando llegó al baño,
cayó muerto en agujero de la letrina.
Uno de sus servidores
había soñado,
contó luego haciéndose el importante,
que el duque moría y
que él lo llevaba cargado en sus espaldas.
Entonces lo enviaron a la letrina y
le ordenaron que cargara con el cuerpo
para llevarlo a enterrar.
Luego lo ahorcaron
para que acompañara a su amo
tal como lo había soñado.
 
En la primavera del octavo año
una piedra habló en Weiyu.
El duque consultó y
le dijeron que las piedras no hablan,
pero como lo vieron desilusionarse,
completaron:
-A no ser que un espíritu
se encarne en ellas,
y al duque se le iluminó la cara.
No sabemos
qué dijo o qué contaron que decía
la piedra,
pero el consejero del duque
aprovechó la volada
para censurar el comportamiento del duque:
estaba construyéndose un nuevo palacio y
los estados vecinos se frotaban las manos esperando
que gaste todo lo que tenía para atacarlo después.
Digamos que la piedra habló justo a tiempo.


 

 

Un día le fueron con el cuento a Zichan
de que dos dragones
se estaban peleando en el río Wei,
cerca de la capital
(y por eso seguramente que tal y tal y tal
y empezaron a sermonear),
pero Zichan los cortó de cuajo:
-Si es que se están peleando dos dragones,
déjenlos en paz,
si nosotros dejamos en paz a los dragones,
ellos nos dejarán en paz a nosotros.
 
 

 


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