ANTERIOR

El Libro de las Canciones

Anónima

SIGUIENTE


 

Nos cuenta Stephen Owen, en la Introducción de la traducción de Arthur Waley del Book of Songs, , o Libro de Canciones, que sorprende en el mundo en que vivimos, en donde la complejidad de las causas hacen que todos los eventos no sean del todo claros, la lectura de un libro de la simplicidad mágica del Shih Chin (se pronuncia de manera similar, pero no se lo ha de confundir con el libro de historia de Si Ma Chien).

Al leer estos poemas, recuperamos el contacto con la magia perdida de las palabras. La alegría que nos poseía de niños con los primeros cantos, la casi concretud de las palabras. En ellos los deseos básicos son expresados sin vergüenzas ni culpas. La alegría y pena de la vida es cantada directamente, desde el corazón:

Buen mozo

Un caballero
muy buen mozo
me espera al costado del camino
¡tanto deseo poder estar
con él!
Vestida con mis mejores ropas,
tan bonitas, tíos, jóvenes y
viejos, ¡dejen
que me vaya con él a su casa!
 
Otro:

Un sombrero

La mera visión de un sombrero
me perturba con tanto deseo
¡duele de sólo pensarlo!
Que la simple visión
de un sombrero
me lastime así
es demasiado:
¡llévame contigo!
Qué la mera visión
de unos pantalones
pueda sacudir así mi corazón,
¡Basta! ¡Que los dos nos volvamos uno!
 
Viento Norte

Sopla frío el viento norte,
gruesa cae la nieve.
Se buena conmigo, ¡ámame!
Toma mi mano y ven conmigo.
Todavía dudas y te demoras
No hay tiempo que perder.
 
Nada más rojo que un zorro,
nada más negro que un cuervo.
Se buena conmigo, ¡ámame!
Toma mi mano y ven conmigo.
Todavía dudas y te demoras
No hay tiempo que perder.
 

Reflejaban una vida en armonía con los deseos y la conformidad con ellos, una vida feliz y distendida entre hombres y mujeres. El marido que se queda remoloneando un rato más en la cama y la mujer le canta con promesas de otros placeres para hacer que se levante:

La mujer dice: El gallo cantó,
el hombre dice: Aún no amaneció
Levántate igual, mira al cielo
el lucero está brillando.
Debes ir al bosque y cazar un pato.
Cuando lo tengas, lo traes a casa
yo voy a estar vestida para vos
y cuando estés de vuelta, beberemos vino y
seré tuya hasta que nos volvamos viejos.


 


 
No siempre es tan alegre el sentimiento que impulsa a cantar, a veces es para expresar la pena, como en el caso de esta joven a quien su familia obliga a casarse con quien ella no quiere:

Sacudido el bote de ciprés,
sacudido por las olas flota.
Mi corazón alterado, no puedo dormir,
pero mi pena es un secreto.
Tengo vino, tengo todo lo
necesario
para jugar.
 
Mi corazón no es un espejo
que refleje la voluntad de los demás.
Hermanos también tengo,
no puedo ser echada fuera.
Pero ¡ay!, cuando conté mis penas
todos se volvieron contra mí.
 
Mi corazón no es una piedrita
que pueda ser rodada.
Mi corazón no es una manta
que pueda ser doblada.
Me he conducido con corrección
en más ritos que los que pueden contarse.
 
Mi corazón apenado se consume, y soy acosada
por una sarta de hombres menores.
He pasado por humillaciones de todo tipo,
y no pocos insultos me llegaron.
En la quietud de la noche los repaso,
a la hora de levantarme no da más mi corazón.
 
¡Ah, sol, ah, luna!,
¿cómo es que se han vuelto tan tenues?
La pena se pega a mí
como un vestido sucio.
En la quietud de la noche medito en ello y
quiero tener alas y volar lejos de aquí.


 
Y guerreros tan sinceros que no dudan en contar que sólo
siguen en el frente simplemente por miedo ´al brazo de la
ley´:

Oh, por encima el cielo brillante
envía sus rayos a la tierra aquí abajo.
Nuestra marcha el oeste
nos ha traído a este desierto.
Desde los primeros días del segundo mes,
pasamos hambre y frío,
hay tristeza en mi corazón,
su veneno es demasiado amargo.
Pienso en quienes me criaron
caen mis lágrimas como si lloviera.
Claro que me quiero volver a casa,
pero temo el brazo de la ley.
 
Tiempo atrás, cuando partimos,
los días estaban mejorando,
¿cuándo podré volver?
El año está llegando a su fin,
tanto que hacer y yo lejos,
ay, ¡qué pena la de mi corazón!
Es cierto, no puedo irme,
pienso en aquellos que me criaron
apenado miro a lo lejos...
claro que quiero volver a casa
pero temo a las consecuencias.
 

Otro que se lamenta de su suerte:

Al salir el sol nos levantamos
al ponerse nos vamos a descansar.
Cavamos un pozo para tener agua que beber
trabajamos los campos para comer,
el emperador y su poderío,
¿qué son para nosotros?
 


 
¿La batalla?
El bravo guerrero yace
su pecho atravesado de parte a parte,
el caballo
como ignorando todo
pasta a su lado.
 


Pienso en ustedes,
buenos muchachos,
salieron esta mañana rumbo al frente
cayó la noche y no volvieron…
 
 

 
 
Siempre fue y es la misma gente,
en Asiria, Egipto y China,
Gales, Moscú, Oklahoma
y el Machu Pichu:
chacareros, obreros y soldadesca
sostienen la pirámide que los pisa
 
y quienes buscan un cambio
no es por amor a la justicia
sino porque quieren
             su parte de la torta.


 

 


ARRIBA

INDICE

SIGUIENTE