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Los Han

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La crueldad de los Qin, si bien permitió sostener un imperio unido en contra de lo que pretendían los señores feudales, no dio resultado para llevarlo a buen término. Cayeron tan estrepitosamente y con tanta violencia como habían subido.

Los Qin duraron muy poco, pero demarcaron el terreno. Bajo su poder se unió todo el territorio por primera vez administrado por un mismo gobierno, centralizado y con un poder hasta antes nunca reunido, controlando una enorme cantidad de recursos y desplegando una magnificencia hasta antes nunca vista, que inspiraba maravilla y pavura entre sus súbditos. Fue la primera vez que se vio que la suma de las partes resultaba en algo más que la mera reunión de todos ellos. Pero el empeño que pusieron sus fundadores a través de sangrientas campañas y el logro magnifico conseguido, no les sirvió de mucho. Así como surgió, cayó, violentamente. Pero dejaron a la casa que siguió, los Han, un importantísimo legado: la idea de un imperio y de una administración del mismo. Los cuatrocientos años que siguieron luego fueron de ejercicio y perfeccionamiento de esa idea que se manifestó en todos los aspectos de la vida en China, no sólo en la esfera intelectual. Este proceso merece nuestra atención, porque en muchos aspectos delineó la tradición intelectual china (japonesa y coreana también) hasta nuestros días.

Los primeros tiempos los gobernantes Han lo dedicaron a tratar de asentar el logro de los Qin, un imperio unido. Los Qin habían abolido de un sablazo al feudalismo, pero este intentó resurgir dentro de los mismos integrantes de la familia Han gobernante. La red gubernamental de los Qin se había desintegrado y les llevó un buen tiempo a los Han volver a cimentarla y estandarizarla. Lo mismo en el terreno de las ideas, pero estableciendo sistemas totalmente opuestos a los anteriores gobernantes.

Y no debemos pasar por alto que en esta revuelta que terminó con los Qin murió la mitad de la población, por la guerra y el hambre que esta trajo. La reconstrucción del Imperio fue costosa y se debieron tomar una serie de medidas urgentes. Uno de los edictos imperiales dice: "...hemos de entender qué sucedió, si analizamos vemos que el terreno cultivable que poseemos es el mismo y la gente disminuyó, ¿por qué hay hambre, por qué hay tanto sufrimiento? Algo hemos hecho mal."

 

 

LA SINTESIS DE LOS HAN

En reflejo del horizonte que se expandía en el imperio se desarrollaron una serie de intereses intelectuales concernientes tanto a la cosmología como al orden natural. Han Tzu, cien años antes había escrito: “El Cielo opera con una regularidad constante. No prevalece con un sabio como Yao ni cesa de prevalecer con un tirano como Chieh. Si se actúa en consonancia con él, resulta un buen gobierno, si se actúa a contrapelo, la desgracia será el resultado.”

De modo que la necesidad de conocer las leyes naturales que rigen al universo es una necesidad no sólo de la persona, también de los gobernantes. Las materias que ocupaban a los filósofos de aquella época comprendían, indudablemente, una cantidad de ideas absurdas, pero tomadas en su conjunto nos demuestran la urgencia que se sentía en aquellos días por organizar al conocimiento en un todo coherente, incluyendo meras conjeturas en donde hiciere falta. Eran unos convencidos de que el orden existe en todas las cosas, tanto en la naturaleza como en la sociedad. Sus esfuerzos constantes apuntaron a descubrir y clasificar en un orden jerárquico a todo el cosmos, “de modo que los hombres puedan entender a todo su entorno y no verse sorpendidos por lo inesperado.”

En el Chu Yu (El Sentido), de Tzu Su, leemos:
         “Únicamente aquel que se conduce con absoluta sinceridad puede desarrollar completamente su naturaleza. Y siendo que logra desarrollar su naturaleza, puede contribuir a que otros la desarrollen. Logrando que otros hombres se desarrollen, pueden hacer que todos los seres la desarrollen (a su naturaleza propia). De ese modo es que contribuyen a los poderes celestiales y terrenos. Y es así que puede, junto a Cielo y Tierra, formar un trío.”

Este concepto de trinidad entre Hombre, Tierra y Cielo es básico en el pensamiento de los Han. Era un deber obligatorio de todo hombre conocer las leyes del Cielo y de la Tierra. Y el cielo debe tomarse tanto como lugar espiritual como material. Y así de fuerte también es la convicción de que el hombre, especialmente aquellos que gobiernan, deben tener un acabado conocimiento de las leyes concernientes a la tierra, particularmente en cuestiones de regadío, inundaciones, distribución de la tierra, construcciones, etc. Los pensadores Han se esforzaron mucho en hacer entender que el bienestar económico es la base de la moral del pueblo. Un estudioso o sabio, bien puede elegir ser pobre porque ya tiene un sentido de los valores y una formación que le impedirán hacer dinero por métodos no decentes. Pero a la gente común no se les puede exigir que tengan estos valores. Desean bienestar y riqueza, y si no los consiguen por medios apropiados, lo intentarán por todos los medios. Por eso el sabio, el hombre ilustrado, el gobernante, deben ver que los medios que utilice la gente sean los apropiados. La gente busca el provecho como el agua el nivel; pero la virtud no se sigue por simple declive. Deben buscar que ambos sigan un mismo curso, el provecho y la virtud. Y por ello es que el gobernante, el Emperador mismo, es el responsable por la conducta moral de su pueblo. Si un pobre roba es porque no puede vivir honestamente. No es su falta sino el resultado de un sistema económico y social errado y por tanto, el responsable es el Emperador que lo dirige. De ese modo, mejorando su conducta el Emperador mejora la de sus súbditos y a su Imperio.

Los confucionistas siempre insistieron en que era un deber de los gobernantes el transformar la naturaleza del pueblo; esto es, civilizarlo. Y el primer paso es brindar paz y prosperidad. El segundo paso es la educación y ejercitación moral. Y esto se logra a través de los ritos (que incluye todo, desde las ceremonias religiosas a las simples cortesías diarias), la música (y danza) y la literatura. Rituales y música pueden ser aprendidos hasta cierto grado, por todo tipo de personas, pero la literatura es más difícil, un estudio que sólo puede ser emprendido por gente muy capaz y con tiempo libre. El resultado final de este proceso es el sabio, el hombre con una educación completa, aquel que por su educación a logrado desarrollar el sentido moral más agudo posible. Idealmente, él sería el más adecuado para gobernar, pero dada la estructura imperante y el caos que implicaría cambiarla, lo que ha de hacer el sabio es aconsejar al que gobierna. Ese es el lugar del estudioso, del sabio, el gobierno. No prédica en el campo, no se retira al desierto a trabajar en su salvación personal (salvo que las condiciones de ingobernabilidad sean tales que le sea imposible hacer nada por mejorarlas). Su deber es trabajar a través de la maquinaria gubernamental establecida para mejorar el orden económico, social y espiritual de su nación.

Esta es la filosofía del sistema confuciano. Durante la dinastía Han este tipo de pensadores llegaron al máximo de dominio sobre el sistema social chino, remplazando por completo a la aristocracia feudal de antes. Aliados al aparato imperial, lograron declarar al confucionismo el sistema de pensamiento oficial del estado chino, con una organización universitaria y de exámenes de aptitud para participar del gobierno, que durante los tiempos de paz les aseguró una posición predominante en la burocracia gubernamental.

El filósofo más renombrado de este período, Hsün Tzu, dijo: “El Cielo tiene sus estaciones, la tierra sus medios, el hombre tiene el gobierno. De ese modo es que el hombre forma parte de la tríada con el Cielo y la Tierra. Si el hombre descuida su tarea en la triada y deja todo en manos de Cielo y Tierra, está cometiendo un gravísimo error.”

La caída de los Qin, tan estrepitosa como sangrienta, dejó una profunda huella en los pensadores de aquellos días. Probó para su satisfacción que el poder absoluto y el terror no eran suficientes para llevar a buen puerto a un gobierno. La fuerza que terminó con los crueles Qin no fue la de señores feudales ambiciosos descontentos, sino la del pueblo raso. Ch'en She, quien lideró la mayor revuelta, era un peón del campo. Liu Chi, quien erigió la dinastía Han luego de destruir a los Qin y a las facciones rebeldes que peleaban por el poder, era de origen humilde, como la de todos sus camaradas que terminaron venciendo a la fuerzas imperiales y a la de los señores feudales.

Y como gente común que eran, sabían perfectamente de los sufrimientos y necesidades de la gente común. Por eso actuaron rápidamente aboliendo las leyes más crueles y dejaron intacto el aparato burocrático. Y mediante su liderazgo el gobierno de los Han fue influenciado por la sinceridad y esfuerzo, simplicidad y frugalidad y el rechazo al mero legalismo que había dominado durante los Qin.

Y algo más, que es interesante: Se descubrieron varios libros que contenían textos de Confucio que estaban perdidos. ¿Y saben por qué? Porque ya había habido quema de libros en China. Ya había prosperado una de esas terribles ideas que cada tanto se les ocurren a los chinos: Borremos todo y empecemos de cero. Eliminemos todo vestigio de cultura, es del único modo que lo lograremos... Pero siempre que se les ocurrió alguna barrabasada de estas hubo quien, a riesgo de terribles torturas antes de ser muertos, escondieron todos los libros que encontraron. Jefe Mao, hubo unos cuantos intentos antes que el tuyo de borrar la cultura china del mapa y,
                                gracias a dios
                                ninguno tuvo éxito.

Seguramente que hemos perdido unos cuantos textos y autores gracias a estos imbéciles de siempre. Pero la idea contraria es igual de fuerte y siempre habrá quien guarde un papel escrito, aun sin saber muy bien qué dice en él, y arriesgando todo. Eso también es China.

 

 


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