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Los Siete Sabios del Bosquecito de Bambúes

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竹 林 七 賢

 
Eran siete literatos que gustaban de juntarse bajo la sombra de un bosquecito de bambúes para tomar vino y componer poemas. Así quedaron registrados estos siete poetas, reunidos bajo los bambúes, rehusando integrar el gobierno o regirse con las normas hasta ese entonces establecidas, las de los confucionistas, eligiendo en cambio una vida retirada, disfrutando de los talentos literarios de los amigos, excéntricos e irreverentes, en contra de la pureza individual propuesta por Confucio y la vida dedicada al servicio público. Intentaron escapar a las intrigas de la corte, la corrupción que la rodeaba y su atmósfera asfixiante que imperaba durante el período de Los Tres Reinos. El bosquecito estaba cerca de la casa de Xi Kang, en Shanyang, hoy Henan, y allí disfrutaban de una atmósfera relajada y distendida, cada uno contando sus pareceres y mostrando sus composiciones. Los otros seis eran: Wang Rong, Shan Tao, Liu Ling, Ruan Xian, Ruan Ji, y Xiang Xiu

Wang Rong (234 – 305)
Fue descendiente de una familia noble, muy famoso por su inteligencia, su riqueza y su avaricia.

Se cuenta que un día estaban sus amigos reunidos y cuando Wang Rong llegó Ruan Ji dijo en broma: “Ufa, ya llegó este a arruinarnos el buen ánimo!”. Wang se rió y le contestó: “¡Desde cuando tu ánimo es algo que puede arruinarse?”

 

Shan Tao ( 205 – 283)
Wang Rong dijo de Shan Tao: "Es como un jade sin pulir, como oro sin refinar, todo el mundo está de acuerdo en que es muy valioso, pero nadie puede decir qué clase de ornamento es."
 
 
Liu Ling (225 – 280)
Himno a las virtudes del vino
Había un señor llamado Gran Personaje
para quien Cielo y Tierra no eran más que
una mañana de su vida,
una miríada de tiempo
apenas un instante,
el sol y la luna,
una puerta y una ventana a sus ojos,
las ocho direcciones la frontera del país y
viajaba por doquier sin dejar huellas ni rastro,
sin tener domicilio fijo, ni choza, ni habitación,
por cortinas el cielo, por mantas la tierra
él vagaba por todos lados según sus ganas.
Cuando descansaba sostenía un vaso y
cuando andaba llevaba una botella,
que el vino, y sólo el vino, tenía como pertenencias,
¡qué le importaban a él el resto!
 
Y había un noble, un tal Gran Duque Importante y
un erudito retirado, el Señor Me lo Se Todo,
quienes escucharon rumores
del comportamiento de nuestro héroe
y se acercaron a él para discutir
acerca de esto y de aquello.
Sacudiendo sus mangas y llenando su pecho
con miradas fulminantes y dientes apretados
estuvieron dando cátedra
acerca de los ritos y leyes y
qué sí y que no, bueno y malo,
se levantaban como picas.
 
A todo esto el Gran Personaje
tomó su jarra llena hasta el cuello
y se bebió todas las líneas,
sacudió su barba,
se reclinó contra un tronco y
estiró sus piernas,
apoyó su cabeza en una madera y
cómodo con su trapos,
sin pensar siquiera, sin ninguna ansiedad,
su felicidad suave e inalterable,
ora totalmente perplejo por el vino
ora apenas atento,
escuchaba en calma el rugir del trueno,
o fijaba su mirada sin ver
en la gran cabeza del sabelotodo.
El frío o el calor no le afectan,
de ganancias o deseos no padece tirones,
mira hacia las cosas mundanas, con todos sus enredos,
como si pasaran hojitas flotando por el río,
con sus dos lugartenientes
esperando respuestas a su lado
él contempla cómo las tijeretas vuelan,
sus ires y venires...
 
 
Ruan Xiang (234 – 305)

Calzoncillos
Ruan Xiang y Ruan Ji vivían en la parte sur de la calle, donde vivían los Ruan pobres. Los Ruan ricos vivían en la vereda norte, la más soleada. El séptimo día del séptimo mes los Ruan del norte ponían a asolear sus ropas, que consistían en coloridas prendas de seda, brocados y gasas. Ruan Xiang colgaba de un palo alto un par de calzoncillos largos todos rotosos en el medio de su patio. Cuando fue cuestionado por esto, contestó: “¡Es que aún no me he liberado del todo de las cosas mundanas!”

Cerdos y gente
Todos los Ruan eran grandes bebedores. Cuando se juntaban por cualquier circunstancia, no usaban copas... se sentaban todos frente a un bebedero de animales que llenaban de vino y desde ahí se servían, directamente. Un día se soltó la piara de cerdos y se fue al bebedero y bebieron de él juntos, los Ruan y los cerdos, todos muy felices.
 

 


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