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Ruan Ji

Se cuenta de Ruan que era adepto a prácticas taoistas ocultas. Se dice que practicaba ejercicios respiratorios mientras silvaba y que por eso llegó a ser muy conocido por esta habilidad. Era un gran bebedor. Cierta vez se mantuvo completamente borracho por sesenta días para evitar ser casado con la hija de una familia que había usurpado el gobierno. Veamos qué se cuenta de él en el libro: Nueva Recopilación de Los Cuentos del Mundo.

Silvando

Cuando Ruan Ji silvaba, podía oírselo desde muy lejos. Un día, en las montañas Sumen apareció, no se sabe de dónde, un hombre misterioso acerca del cual los leñadores contaban toda clase de historias. Ruan Ji decidió ver por sí mismo qué había de cierto. Se fue a la montaña y se puso a espiar al recluso desde unas piedras. Luego se le acercó y comenzó a hablarle sobre el taoísmo. Habló un rato y luego le preguntó qué opinaba de lo que había dicho. El extraño prosiguió en silencio, como si no lo hubiera escuchado. Entonces Ruan se llevó las manos a la boca y dio un potente silbido. El hombre se rió a carcajadas y le dijo: “¡Hazlo de nuevo por favor!”. Y así lo tuvo un rato, cada vez que silbaba, el extraño reía y le pedía que lo haga otra vez. Harto, dio media vuelta y emprendió el regreso. Cuando estaba a mitad de camino comenzó a oír lo que parecía ser una orquesta de silbadores, y el eco que la selva devolvía. Volvió y vio que era el silbido del hombre con el que había estado.

Comandante de infantería

Se produjo una vacante en la comandancia de infantería en donde se almacenaba el vino. Esa fue la verdadera razón por la que Ruan se anotó para el puesto.

Ruan Ji y Liu Ling, bebieron juntos y juntos murieron. Borrachos.

Nada incorrecto

La mujer del vecino de Ruan era muy bella. Trabajaba como moza en una taberna. Ruan y Wang Ron frecuentaban dicha taberna y cuando Ruan se emborrachaba se dormía junto a la moza. Cuando se enteró el marido se pudo muy celoso y vigiló qué pasaba. Pero luego de acecharlos durante un tiempo se dio cuenta de que nada malo pasaba. Simplemente Ruan se dormía como un perrito a los pies de la bella.

 

Poemas desde mi corazón

Por estos ocho poemas conservó su fama Ruan Ji. En ellos cuenta su deseo, su angustia y su temor en el camino por hallar la pureza, viviendo en este inconstante e impuro mundo. Algunos de sus poemas son directamente ininteligibles por el alto nivel de simbolismo a que hecha mano su autor. Al no conseguir triunfar en la política, como hubiera correspondido a una persona de su clase y tiempo, se dedicó a la filosofía y a la religión, volcando sus inquietudes en las poesías que escribió.

 

A medianoche, sin sueño
Me desperté a medianoche
                            sin sueño
y me levanté a tocar el chin.
Se ve la luna a través de las cortinas
y una brisa suave sacude mi chaqueta.
Un ganso solitario grita en la noche
y es contestado por un pájaro desde el bosque.
Vuela en círculo y me mira a mí,
sentado aquí,
                         ¡tan triste!

 

 
Días de juventud
Cuando era joven
también yo me vi atraído por el canto y los bailes.
Y me fui al oeste, a la Capital,
y frecuenté a los Li y a los Zhao.
Antes de que la diversión termine
me di cuenta de qué perdía el tiempo.
En mi viaje de retorno
miré hacia atrás, a los barrios de junto al río
dónde había parrandeado tanto,
al punto de quedar sin una moneda.
De regreso al sendero de la montaña Taihang
otra vez temí perder el rumbo.
 
Últimos rayos de sol
Los últimos rayos
que me mantenían caliente
se han ido al ponerse el sol.
El viento vuelve a golpear las paredes y
los pájaros salvajes se acurrucan
uno junto al otro
en busca de calor.
Cubiertos por sus plumas
temen al hambre en silencio.
¡Oh! ¡Hombres con influencias
recuerden renunciar a tiempo!!
Parecen tristes y frágiles,
¿se debe al poder y a la fama?
Prefiero volar con gorriones y palomas,
no con relucientes garzas.
Ellas vuelan muy alto y muy lejos,
y eso dificulta el regreso.
 
Bailes raros
En las calles del norte bailes exóticos,
y junto al río se escuchan canciones decadentes.
Estos jóvenes cabezahueca, holgazanes,
esclavos de modas y fantasías,
siempre buscan el atajo
que los lleve a los placeres.
No veo a nadie queriendo amanecer antes que el sol
ni llevar su bastón a los bosques.
Seguir la receta para una vida larga
es lo que calma el tumulto de mi corazón.
 
Grabado en el corazón
Guarda en tu corazón cada centímetro
de ese sol que se pone.
Afloja tus ropas, desprende la filosa espada
y mira encima tuyo el paso de las nubes.
Entre ellas una cigüeña blanca
que levanta su cabeza y abre el pico.
Vuela alto, pronto se pierde en el cielo.
Nunca la volverás a escuchar.
No es compañía para cucús ni cuervos,
esa caterva que rodea la corte.
 
 
Día y noche
Día y noche se turnan
mientras mi cara se arruga,
y mi espíritu mengua,
pero todavía me irrita ver las injusticias.
Un cambio lleva al otro y
no pueden manejarse con tacto o sabiduría.
La rueda sigue,

siempre;

mi único temor es por el día
que la vida termine, dispersa en el viento.
Siempre caminamos encima de hielo flaco,

¡nunca se sabe!

 
Mientras se congela el rocío
Al tiempo que se congela el rocío
se marchitan los pastos.
Los caballeros no lo entienden
y aun se llaman sabios.
Permitanme montar en una nube
voy a visitar los inmortales.
 
 
A la sombra de la muerte
Me estoy volviendo viejo,
ya camino bajo la sombra de la muerte.
Admiro a las olas
que proviniendo de una misma fuente
fluyen en diferentes direcciones.
La vida,
ni vale la pena mencionarla,
odios y enemistades,
esas han sido mis preocupaciones,
¿realmente tengo adversarios,
o será que mis oídos ya poco sensibles confunden lo que veo?
Visión y oído, ¡ambos se empobrecieron!,
pero la malicia en mi contra sigue saludable.
Mejor que vaya llamando a mis amigos taoístas
y emprender el viaje con su compañía.
 
 
Aprendizaje
Muchos años atrás, cuando tenía 15 o menos,
¡con cuánto amor leía los clásicos!
Pobre como era,
mi corazón poseía la verdadera riqueza
que empuja a aprender las verdades
que hacen buenos a los hombres.
 
Abrí por completo las ventanas del mundo y
trepé las montañas más altas en busca de las verdades.
Encontré que las alturas estaban pobladas de túmulos,
cientos y cientos de tumbas,
de cientos y cientos que quedaron en el olvido.
 
¿De qué serviría conservar un buen nombre
miles y miles de años más adelante?
¡De nada!
Al fin comprendo la vieja sabiduría de la tierra
y me carcajeo de esos buenos chicos
esclavizados en el estudio.

 

 

Xi Kang (223 – 262)

También fue conocido como músico, compositor e interprete de piezas para el chin. Fue un ácido crítico del confucionismo y de las convenciones sociales de su tiempo. A pesar de intentar no quedar envuelto en las intrigas de siempre, no lo pudo evitar. Se lo consideró escandaloso e insurrecto y fue sentenciado a muerte por ofender a los príncipes.

 

Vine y me voy

Zhong Hui era conocido por tener una buena capacidad de razonamiento. Quería conocer a Xi Kang y un día decidió visitarlo con un grupo de amigos notables. Cuando llegaron las visitas Xi Kang estaba forjando metal a la sombra de un árbol, ayudado por Xiang Xiu. Siguió golpeando con la masa como si nada hubiera sucedido. Luego de un tiempo en que no se habló una sola palabra, Zhong se levantó y se dispuso a marchar. Kang le dijo entonces: “Qué fue lo que escuchaste que te hizo venir y qué fue lo que viste que has decidido marcharte?”. Zhong le respondió: “Vine luego de escuchar lo que escuché y me voy luego de ver lo que vi”.

 

El pino solitario

Xi Kang era muy alto, de muy fuerte contextura y sus modales sumamente agradables. Al verlo, alguien exclamó: “Sereno, calmo, fresco y traslúcido, puro y exaltado” Shan Tao dijo: “Xi Kang se destaca como un pino solitario pero borracho, se comporta tan locamente que parece un acantilado de jade a punto de venirse abajo.”

 

Nunca más la melodía

La tarde en que Xi Kang iba a ser ejecutado en el Mercado del Este de Luo Yang, su espíritu y maneras no se alteraron. Pidió tocar una última melodía y le fue concedido. Tomó su chin de siete cuerdas y tocó Melodía de Guangling. Cuando terminó dijo: “Yuan Jun cierta vez me aconsejó aprender esta melodía, pero yo me mantuve firme en mi testarudez y nunca la toqué. Ahora nunca volverá a escucharse La melodía de Guangling.” Tres mil eruditos y funcionarios elevaron un pedido de perdón y que Xi Kang fuese asignado a ellos como maestro, pero no fueron escuchados. Sima Zhao, quien ordenara su ejecución, se arrepintió luego de no haber concedido el perdón y dijo: “Nunca más se escuchará La Melodía de Guangling.”

 

Carta a Shan Tao

Con esta carta, escrita poco antes de su muerte, Xi Kang terminó su relación con Shan Tao, quien no mantuvo su voto de ´Integridad Sin Compromisos´ y quien, luego de aceptar un puesto elevado tuvo la falta de tino de proponer que Xi Kang fuese asignado como su asistente. Xi Kang, indignado le tiró la oferta en su cara y le gritó un par de cosas poco bonitas. Este es el texto de la carta que le escribió luego.

Hace un tiempo hablaste de mí con tu tío, el prefecto de Yingchuan y debo decirte que tu estimación acerca de mí fue acertada. Pero me pregunto cómo fue que lograste hacer una descripción tan justa cuando evidentemente no tienes noción de quién soy en realidad, ni de por qué principios me conduzco. El año pasado, cuando regresé de Hedong, Gongsun Chong y Lu An dijeron que me habías propuesto como tu asesor en la oficina. No salió nada de tal propuesta, pero fue evidente que no me entiendes ni someramente.

Eres versátil, aceptas todo y nada te sorprende. En cambio yo, por el contrario, soy por naturaleza obcecado y de pocas miras: hay cantidad de cosas con las me es imposible relacionarme. Fue pura casualidad el que alguna vez nos hiciéramos amigos. Cuando hace poco escuché que te habían ascendido me sentí contrariado y triste, temiendo que el cocinero se vuelva tímido y ya no quiera hacer el trabajo con sus manos y pase el cuchillo a otras manos menos ocupadas que las suyas. De modo que ahora te escribo para dejar bien en claro mi parecer en cuanto a qué debe y qué no debe hacerse.

Siempre me sucedió cuando leía acerca de personas demasiado por encima de este mundo que dudaba de su existencia real, pero ahora me he convencido de que sí, que tales personas existen en realidad. Uno puede ser tan rígido que encuentre cosas insoportables. El apoyo honesto no puede forzarse. De modo que quizá sea inútil hablar acerca del tan mentado “hombre de entendimiento” que puede hacerse cargo de cualquier cosa, que no esquiva las vulgaridades que abundan hoy en día y así todo mantiene incólume su integridad, quien se lleva lo más bien con las flaquezas de estos tiempos sin siquiera sentir el mínimo remordimiento. Lao Tze y Chuang Tze, a quienes tomo como maestros, tienen posturas intransigentes. Y poco podría criticarles. Y Confucio, más allá de su gran compasión, era capaz de tomar el látigo del cochero, y Ziwen, sin proponérselo, ni quererlo siquiera, fue dos veces Primer Ministro: estos eran caballeros cuya voluntad estaba dirigida a mejorar el mundo en que vivían. Y eso es lo que significa: “Exitosos, comparten los beneficios con todos sin vacilar, en tiempos oscuros, se contentan y no se desalientan.”

Este fue el concepto por el que se guiaron Yao y Shun para regir al mundo, por el que Xu You se retiró a las montañas, Zifang ayudó a Han y Jueyu cantaba mientras caminaba, todos se guiaron por el mismo ideal. Cuando se tiene en cuenta a estos caballeros, bien podemos decir que todos ellos tuvieron éxito en lo que se propusieron. De este modo su conducta los guió y consiguieron un mismo éxito por caminos diferentes. Cada uno de ellos actuó de acuerdo con su propia naturaleza y se detuvo cuando alcanzó su logro. Así es, tenemos a aquellos que se aferran con uñas y dientes a la corte y nunca se destacan, y otros que se van al bosque y jamás vuelven.

Más aún, me llenan de admiración las biografías de los reclusos Shan Ziping y Tai Xiaowei y puedo llegar a imaginarme que clase de personajes eran.

Y debes sumar el hecho de que mi padre murió cuando yo era muy pequeño, fui malcriado por mi madre y mi hermano mayor y jamás estudié los clásicos. Era desobediente y holgazán por naturaleza de modo que crecí con huesos y músculos débiles. No es raro que pase un mes sin que me lave la cara, y hasta que la picazón no se vuelve un problema no lavo mi cabeza. Y a la hora de hacer pis, bueno, hasta que la vejiga no parece que va a reventar no me levanto de la cama. Más aún, debido a que hace tanto tiempo que hago lo que me place, mis modos se han vuelto muy descuidados y arrogantes y mi franqueza diametralmente opuesta a toda norma de etiqueta; holgazanería y rudeza se refuerzan mutuamente, y como mis amigos son muy indulgentes conmigo y nunca me corrigen las faltas, y en vez de mejorar, cada vez empeoro más mi conducta.

Además, ese gusto mío por la independencia se vio muy agravado por mis lecturas de Lao Tze y Chuang Tze, de modo que mis ganas de reconocimiento o de obtener fama y buen nombre se han vuelto cada vez más débiles al tiempo que se incrementa mi deseo por hacer lo que se me canta. En esto me parezco a un ciervo salvaje que, si es capturado de muy joven puede llegar a domesticarse, pero si es capturado ya de adulto hará todo lo posible por escapar, atropellará las vallas y todo lo que se le interponga delante, capaz de tirarse por un precipicio o saltar al fuego antes de quedar atrapado. Por más que se lo adorne con aperos de oro y se le ofrezcan los mejores alimentos, lo único que querrá es volver a su bosque a comer los pastos silvestres.

Ruan Ji no se presta a hablar de las faltas que otros cometen y yo he tratado de actuar como él, pero ha sido inútil. El tiene el carácter más agradable que pueda tenerse, jamás perjudicó a nadie, solamente con la bebida comete algún exceso. Pero así todo, si no hubiera sido por la protección del sumo generalísimo Sima Zhao, hubiera sido víctima de las restricciones propias de los cortesanos. Y yo, sin siquiera un poco de la cortesía de Ruan Ji, siendo irrespetuoso y rudo, carente del mínimo tacto para tratar a las personas educadas, ciego al oportunismo, sin el cuidado de Shi Fen y dado a ir hasta el fin de las cosas... Cuanto más se me ocupase, más se notarían mis defectos, y por más que yo quisiese mantenerme lejos de los problemas ¿cómo podría lograrlo?

Además, en la sociedad hay normas de conducta y en la corte cantidad de reglas de etiqueta. Así, cuando estudio cuidadosamente la cuestión, encuentro que hay siete cosas que no soporto y dos que no justifico. Me gusta quedarme en cama hasta tarde y el chambelán no me dejaría en paz: esta es la primera de las cosas que no soportaría.

Me gusta andar caminando y acompañado por el chin, cantar a viva voz; o ir de caza o de pesca por el bosque, pero, seguido por mis subordinados, no me podría mover con libertad, y esta es la segunda cosa que no podría soportar.

Cuando me arrodillo, al ratito quedo como paralizado y ya no puedo levantarme. Estoy lleno de piojos y siempre me estoy rascando. Tener que inclinarme ante mis superiores vestido con ropas tan formales, esta es la tercera cosa que no soportaría.

Nunca fui un buen calígrafo y no me gusta escribir siquiera cartas. Los asuntos del trabajo se apilarían en mi escritorio. No contestar las cartas o escribir los reportes e informes sería violar las normas del trabajo y una desconsideración, pero yo sé que no lograría forzarme a cumplir con este trabajo durante mucho tiempo. Esta es la cuarta cosa que no soportaría.

No me gustan los funerales ni cumplir con el luto, pero estas son cosas que la gente considera importantes. Lejos de saltear mi ofensa, juntarían resentimiento hasta que buscarían el modo de perjudicarme. Y aun estando de sobreaviso, sé que no lograría forzarme en este aspecto. Si tuviera que torcer mi mente según las expectativas de la demás gente, me sentiría falso y deshonesto y así todo no estoy seguro de que pudiera lograrlo. Esta es la quinta cosa que no soportaría.

No tolero la muchedumbre y tendría que trabajar junto a ellos. Y en ocasiones de banquetes oficiales tendría que sentarme con ellos a escuchar sus gritos, estupideces y falsedades que me disgustarían sobremanera. Esta es la sexta cosa que no soportaría.

Mi corazón no soporta las tensiones y la vida oficial está llena de ellas. En seguida uno queda ocupado y preocupado por cantidad de cosas y la mente no puede ocuparse en otra cosa que las tareas del trabajo. Esta es la séptima cosa que no soportaría.

Más aún, siempre me pareció que Tang y Wu Wang estaban errados, y no simpatizo con las ideas del duque de Zhou ni con Confucio. Y si no me refreno de opinar en público, es claro que por temas de religión voy a tener cantidad de problemas. Esta es la primera de las cosas en que no cedería.

Soy muy rudo y directo en mi desagrado por lo que está mal y lo denuncio sin poder contenerme en cuanto tengo ocasión. Esta es la segunda cosa en que no cedería.

Tratar de controlar estas nueve debilidades mías con una disposición tan estrecha como la que padezco, terminaría por costarme una enfermedad, eso si es que lograba esquivar los problemas con las autoridades. ¿Duraría mucho en el mundo de los hombres?

Además, he estudiado y creo en ello, que la vida del hombre puede extenderse considerablemente en base a una dieta de hierbas. Vagabundear por las colinas, seguir el curso de los ríos, observar peces y pájaros es lo que mantiene en feliz armonía a mi corazón. Si me embarcara en la carrera gubernamental, todo esto terminaría. ¿Por qué habría de dejar lo que me da placer y mantiene saludable, por algo que me lastimaría y llenaría de preocupaciones?

Lo que es estimable de las relaciones humanas es reconocer el potencial interior de los demás y ayudarlos a realizarlo. Cuando uno se encuentra con una magnífica pieza de madera, perfectamente recta, no pretende hacer con ella una rueda, y eso es porque no se quiere arruinar una buena cualidad que otorgó el cielo; lo que uno trata es de que encuentre su destino adecuado. Hoy en día las cuatro clases de personas que hay encuentran en su ocupación el medio de satisfacer las ambiciones propias. Solo el hombre con buen entendimiento los puede comprender a todos ellos. En este sentido no tienes más que observar dentro de ti para darte cuenta de que uno no debe, por la propia preferencia por las ropas formales, obligar a la gente de Yue a llevar el sombrero elevado, o porque a uno le guste la carne pasada, ofrecer a un fénix carne de rata.

Desde hace tiempo que vengo practicando las técnicas para aumentar la longevidad, dejando de lado las ideas de fama y gloria, abandonando gustos y preferencias y dejando a mi mente que vague en la quietud: lo que más valoro es el no-hacer. Incluso si no existieran estos nueve conceptos que te enumeré, de todos modos no podría acceder a tu pedido. Pero más allá de eso, mi mente tiende a la melancolía y esta ha aumentado últimamente y estoy convencido que de que no sería capaz de llevar a cabo una ocupación que no me reporte ningún placer. Me conozco bien en esto. Y si empeorara lo que ya es malo, y no tuviera escape, pues, preferiría morir. Pero yo sé que tu no me guardas rencor ni harías algo que me perjudicase. Vivo en una continua infelicidad por las recientes muertes de mi madre y hermano mayor. Mi hija tiene trece y el varón, ocho, son muy chicos aún y yo no tengo una buena salud y esta es otra realidad de la que no me hace muy feliz hablar o pensar en ella siquiera.

Hoy en día lo único que deseo es permanecer fuera del camino, tal como vivo, y ayudar a crecer a mis hijos y ojalá, a mis nietos y en ocasiones relajarme un poco en la compañía de amigos, una copa de vino, tocar alguna canción con el chin, a eso se reducen todas mis ambiciones.

Si continuas molestándome tan insistentemente es, creo yo, porque necesitas de alguien que ocupe ese puesto y signifique alguna ayuda para mejorar este mundo. Pero ya sabes lo irresponsable y vago que he sido siempre, un inservible. Se perfectamente cuan por detrás estoy de todos estos jóvenes que hoy mueven al mundo. Si me consideraras una persona ordinaria y sin ningún deseo de fama y éxitos, estarías de acuerdo con mis sentimientos. Si hubiera una persona con gran capacidad y criterio, presto a poner sus manos para mejorar cualquier cosa a su alrededor y sin ambiciones personales, sería digno de tenerlo en cuenta y respetarlo. Pero alguien como yo, frecuentemente enfermo, que lo único que quiere es mantenerse fuera de todo negocio para poder ocuparse de sí mismo por el resto de su vida, no vale la pena prestarle atención. No tiene mucho sentido valorar la castidad de un eunuco, ¿verdad? Si seguís insistiendo en que me una a tus tareas en el gobierno y que juntos podamos progresar, con mutuo respeto y alegría, un día verías que la presión me habría desquiciado. Solo el peor de mis enemigos seguiría insistiendo. El simple que disfruta sintiendo el calor del sol en su espalda o que disfruta del sabor del apio y que a todos aconseja estos placeres muestra una gran sinceridad, pero también la completa ignorancia en que vive. Espero que no te comportes de esa forma. Esto es lo que siento. Y escribí estas notas para comunicártelo, al tiempo que me despido de vos.

 

 

Xiang Xiu (221-300)

Rapsodia compuesta recordando el pasado

Yo fui vecino de Xi Kang y de Lu An. Ambos hombres de un talento irrefrenable. Pero Xia Kang volaba muy alto y no frecuentaba mucho nuestro mundo. Lu An, aunque muy generoso de corazón, era un tanto salvaje en su comportamiento. A su tiempo ambos tuvieron problemas con la ley. Xi Kang era un maestro en muchas artes, pero especialmente dotado para tocar instrumentos de cuerda y de viento. Cuando fue condenado a muerte, al momento de la sentencia, miró al sol ponerse y pidió un chin y tocó una bellísima melodía con él.

Mis ocupaciones me llevaron lejos, al oeste, pero ahora he vuelto a mi viejo barrio y ahora paseo entre las viejas casas en que solíamos vivir. Atardece, el sol se pone en el golfo de Yu y el frío se vuelve cortante. Alguien, en las cercanías, está tocando la flauta y el sonido llega hasta acá, suave, tenue y me hace acordar a los viejos tiempos cuando festejábamos juntos, banquetes y música. Conmovido por esta música y los recuerdos que me trae, escribo:

Obedeciendo órdenes viajé lejos de aquí,
cumplí con mi deber y por fin estoy de regreso,
cruzamos el río amarillo en una barca y
llegamos a mi viejo barrio de Shanyang.
Miro a lo lejos como se extiende la pradera y
detengo los caballos en uno de las esquinas de la muralla de la ciudad,
me apeo y camino por los caminos que solía frecuentar con mis amigos y
paso frente a las que fueran sus casas, hoy abandonadas y
canto para mí una vieja canción que cuenta la pena por Zhou y
luego aquella que habla de las ruinas de Yin.
Pienso en el pasado y en todo lo que hecho de menos,
mi corazón decaído, mis pasos inseguros,
techos y vigas aún ahí, firmes,
pero aquellos cuerpos, aquellos espíritus que los habitaron
¿dónde están?
En el pasado, cuando Li Sen fue condenado a muerte
él se lamentó por su perrito.
Yo sentí tanto que se marchara el maestro Xi
mientras tocaba el chin y miraba el atardecer,
encomendando su espíritu a una más profunda comprensión
entregando lo que quedaba de su vida a esos instantes.
Cuando escuché hoy el sonido débil de una flauta,
maravillosas notas que se iban y volvían con la brisa,
detuve mi carruaje, no puede seguir más y me vi
forzado a tomar el pincel y escribir esto que siento.
 

 


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