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¡Pobre de mí!

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¿Qué volvía tan malas y amargas a las madres en China?

¿Por qué cuando su hijo se casaba maltrataban casi sin excepción a sus nueras, al punto que algunas se suicidaban o volvían a sus casas paternas si allí eran recibidas...? ¿Por qué ese malhumor, ese odioso malhumor que las trastornaba, las volvía brujas odiosas, llenas de envidia y celos, harpías y traicioneras?

Quizá el verse sometidas sin miramientos a una tiranía marital sin cuestionamientos, quizá saberse el último orejón del tarro. Son tantas las historias de su ruindad como los años que se vienen contando. Quizá el desamor, la caída en desgracia, el desprecio o el simple olvido de sus maridos. No debería ser fácil ser mujer. Tan deseada en primavera como olvidada a comienzos del verano. A ver qué leemos:

 
 
¡Pobre de mi!
Fu Hsuan (217-278)
 
Pobre de mí,
mi cuerpo es el de una mujer,
la consideración que me tienen
es tan baja que es difícil de describir.
Un niño baja a la tierra
con un derecho natural a ser nacido.
Su corazón masculino palpita
con la fuerza de los cuatro mares y
no teme a los vientos de diez mil leguas.
Una niña nace y no hay celebración alguna,
ella no es la joya preciada de la familia.
Cuando crece es confinada a los cuartos internos de la casa,
su cabeza gacha,
demasiado tímida como para mirar a otros a la cara.
Guardándose las lágrimas es casada en otra aldea,
repentinamente como una tormenta lo cubre todo con lluvia.
Con la cabeza gacha se dedica a sus tareas,
dientes blancos apretados tras una línea de labios rojos.
Se inclina tantas veces
ante mucamas y concubinas
como si fuera un invitado no deseado.
El amor feliz es como una nube en el desierto,
corazones en conflicto son peor que agua en el fuego,
cien errores son achacados a la joven.
Su cara se arruga con el paso del tiempo,
y el marido busca amores nuevos,
y si alguna vez fueron forma y sombra
hoy son hunos y chinos.
Aunque hunos y chinos se encuentran de vez en cuando,
el amor una vez cortado,
queda más separados que Orión y Antares.
 
 
Horizonte perdido
 
Durante el reinado del emperador Wu, de la dinastía Han, durante los años 110 a 104 a. de C., ordenaron casar a la princesa Hsi-chun con el rey de una tribu Wusun, como un modo de cimentar un poco la paz y mantener en calma a esos salvajes. Cuando la princesa llegó a las tierras de los Wusum fue ubicada entre las pertenencias del rey, pero en todos los años que estuvo en tierra extranjera, tan sólo una o dos veces fue visitada por su consorte y en esas ocasiones ella ni siquiera le dirigió la palabra. Compuso una canción que dice así:

Mi familia
me unió a un horizonte perdido,
fui enviada lejos,
a las tierras del rey de los Wusum.
Una tienda es mi palacio, de cuero sus paredes,
carne por comida, leche de cabra por bebida,
extraño a mi hogar,
mi corazón es una herida dentro de mí,
¡quisiera ser uno de esos gansos silvestres
que vuelven a su viejo hogar!
 

 


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