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Li Ling, los testículos de Si Ma Chien

y el Shi Chi

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En la dinastía Han (206 a. C. - 220 d. C.), exactamente en el año 125, crearon el Buró de Música con el cometido de recopilar canciones populares antiguas ya que los intelectuales de la corte estaban preocupados porque se pudiera perder el legado del pasado. También se recuperaron los textos confucianos que la dinastía anterior había mandado quemar. Y comenzó a escribirse la propia historia luego de la unificación del imperio. De allí resultará el Shi Chi, por ejemplo, libro que recopila información de unos dos mil años atrás, y que sería el modelo para todos los escritos históricos venideros. La historia de este libro tiene su origen ligado a una campaña que comenzaron los chinos contra unos vecinos molestos, unos turcos muy salvajes, lejísimos, más allá de Mongolia.

El general Li Ling comandaba una fuerza de unos cinco mil soldados que arrasaron con los bandidos fronterizos. Pero cuando volvían a casa los alcanzó el invierno y, debilitados por las penurias del viaje y sobre todo por la falta de los refuerzos pedidos, los enemigos se volvieron cada vez más audaces y la ayer exitosa campaña terminó en una calamidad y Li Ling fue capturado.

En la espléndida capital, el emperador se disgustó sobremanera con las noticias y echaba furias contra Li Ling, «¡Oficialucho de cuarta, inepto, más le valdría haber muerto peleando, cobarde de mierda,!», decía mientras se tiraba de los pelos y daba vueltas enloquecido alrededor de la clepsidra. Uno de los consejeros del emperador, conocedor del carácter bravo de Li Ling, sugirió a su majestad que quizá Li Ling se había dejado capturar vivo para poder elaborar una estrategia mejor para terminar con esos salvajes. Y en cuanto a la derrota, agregó con un tono más suave de voz, su majestad no debía olvidar el hecho de que los refuerzos que hubieran cambiado la historia fueron detenidos por su gracioso cuñado, hermano de la emperatriz, y muy celoso de Li Ling… El emperador, indignado ante la impertinencia del consejero lo castigó, no haciéndolo cortar por la mitad como era costumbre en aquellos días tan… ¿silvestres?, sino que, en reconocimiento por los servicios prestados a esa Corte y a su graciosa y compasiva Majestad y dado, además, que había tanta gente que lo apreciaba, mandó hacer el tajo poco más abajo: lo caparon. Algo más que vergonzante y que le aseguraba al emperador que su consejero, llamémoslo por su nombre, Si Ma Chien, tomaría la decisión nobilísima de suicidarse de inmediato, con lo cual se lo quitaba de en medio sin cargar con las culpas... Pero no fue así. Si Ma Chien había prometido a su padre terminar con la desmesurada obra que éste había empezado: la compilación de la historia del reino. Así pues, Si Ma Chien tragó su orgullo, soportó miradas compasivas y risitas a sus espaldas, se arremangó, siguió trabajando y completó el trabajo que le encomendara su padre…


Dejo de leer, doy otra vuelta por esta diminuta habitación y al mirar todos los libros abiertos a mi alrededor ¡cantidad de tareas empezadas y en veremos!, me pregunto

¿¡Hará falta
que me capen
para que me ponga
a trabajar!?


Puedo imaginar lo que sintió, llegado el otoño, al ver los gansos volar a su patria. Y después ha de haber aparecido la idea, ¿y si uno de ellos llevara un mensaje? A partir de ahí tuvo una meta, cómo escribir concisamente todo lo que tenía que decir y cómo hacerlo para que, si el ganso caía en manos equivocadas, no develara el secreto.

 


No se guardó registro de qué escribió Li Ling, ni de como logró atar a la pata del ganso su aviso, pero me place leer que llegó. Un cazador sorprendido vio el mensaje en el ganso abatido y lo llevó al principal de su aldea y éste imaginó su importancia -casi nadie leía en aquellos días-, y despachó un jinete a la capital del distrito, en donde dudaron si llevarlo a la ciudad imperial o no. Eran tiempos muy turbulentos y los gobernantes eran crueles, de ahí las dudas, todo dependía de quienes detentasen el poder y qué gustasen o no de enterarse. Al fin, uno de los viejos se ofreció a llevar él el mensaje «Soy viejo, si me condenan no importa, si me premian, tendré algo para mostrar orgulloso a mi regreso.» No sabemos qué ocurrió con el viejo, sí que para cuando el mensaje de Li Ling fue leído en la corte, ya eran otros los intereses que por ahí movían las cuerdas. Quedó guardado como un importante documento, se registró su ingreso a la biblioteca del palacio, y eso fue todo.


Li Ling nunca lo supo y hubiera muerto de pena de haber supuesto siquiera el destino que sufrió su mensaje… Murió en brazos de la joven huna que le asignaran sus captores, ya viejo, esperando siempre la llegada del ejército que lo rescataría. Y fue llorado por sus nuevos hijos, herederos de su extraño color de pelo y de cierto respeto y rechazo de sus vecinos.

Y volvamos a su fiel amigo, Si Ma Chien; escribió una carta a un amigo, Ren An, en la que le cuenta el por qué de su decisión de seguir con su humillada vida a cuestas:

"El hombre muere una sola vez. Puede ser una muerte pesada como la montaña Tien Tai o tan liviana como la pluma de un ganso. Todo depende de cómo se la aproveche.

Está en la naturaleza de todo hombre el amar la vida y temer a la muerte, pensar en sus parientes y cuidar a su familia, mujer e hijos. Sólo cuando lo que lo mueven son los más grandes principios no se conmueve por esto. A veces hay cosas que DEBEMOS hacer...

Aunque no necesariamente tiene una muerte honorable el valiente y a veces hasta el cobarde tiene una muerte digna. Cada uno tiene un modo particular de actuar. Aunque puedo ser cobarde y débil y buscar sin ninguna vergüenza prolongar mi vida, se perfectamente bien las diferencias entre un curso que debería seguirse y uno que debería evitarse. ¿Cómo he podido caer a este pozo de vergüenza? Si incluso hasta el más bajo de los esclavos o de las damas de la cocina son capaces de, llegado el momento, terminar con su propia vida, ¿cómo es que no lo he hecho yo? Pero tengo motivos por los cuales decidí seguir con mi vergüenza a cuestas y no terminé. El motivo que tengo en mi corazón y que no he expuesto a nadie es que temo que después de mi muerte, mis escritos no pasará a la posteridad.

Fue antes de terminar con mi manuscrito que me encontré con esta dificultad en el camino. Y por eso decidí no tomar la medida que hubiera querido tomar. Cuando haya completado este trabajo lo depositaré en el Archivo de la Montaña Famosa. Si luego alcanzara a llegar a los hombres que lo aprecien, si llegase a otras ciudades y países, entonces, así sufriera yo mil más de estas mutilaciones avergonzantes, ¿qué podría importarme?".

En el año 92, a los 56 años, dejó de escribir. No añadió más nada a sus textos. No se sabe cómo ni cuándo fue que murió.

 

 


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