Tao Yuang Ming

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陶 淵 明

陶 潛

Tao Yuang Ming,
T´ao Ch´ien, (o Tao Qian)

 

Apellido: Tao
Nombre: Qián 潛, (Oculto, guardado) o Yuānmíng 淵明(brillo profundo)
Nombre de adulto: Yuánliàng 元亮(brillo primario)
Seudónimo: Wu Liu Xian Sheng 五柳先生 (Maestro de los Cinco Sauces)
Nombre póstumo: Jìngjié 靖節, que no sé exactamente qué significa, los caracteres representan Paz y Festival.

《五柳先生传》

先生不知何许人也,亦不详其姓字;宅边有五柳树,因以为号焉。
闲静少言,不慕荣利。好读,不求甚解;每有会意,便欣然忘食。
性嗜酒,家,不能常得,亲旧知其如此,或置酒而招之。造尽,期在必醉。
既醉而退,曾不吝情去留。
环堵萧然,不蔽风日;短褐穿,簟瓢屡空,晏如也!常著文章自娱,示己志。
忘怀得失,以此自终。曰:
“黔娄之妻有言:‘不戚戚于贫贱,不汲汲于富贵。’
其言兹若人之俦乎?,以乐其志,无怀氏之民欤?葛天氏之民欤?”

Biografía del Maestro Cinco Sauces

¿Quién es? Nadie lo sabe. Ni su nombre se conoce. Como había cinco sauces que crecían junto a su casa se lo llamó Maestro Cinco Sauces Ocioso, calmo, de pocas palabras, sin anhelar fama ni fortuna. Amaba leer y aunque nunca buscaba el sentido profundo de los libros, cuando entendía algo su alegría era tal que olvidaba de comer.

Amaba el vino pero no siempre podía comprarlo. Todos lo sabían, de modo que cuando alguien tenía, lo invitaban. Bebía hasta el fin y una vez satisfecho y borracho se iba a su casa, solo, sin remordimientos.

Su choza poco abrigaba de las inclemencias del tiempo. Su sacón muy corto, zurcido y lleno de remiendos. Su tazón y su copa de bambú siempre vacíos, pero él no se preocupaba. Dedicado a sus poemas simplemente para pasar el día, y ellos reflejan su meta. Así siguió, ajeno a ganancias y pérdidas hasta que naturalmente llegó su fin.

Homenaje: Como dijo de Ch’ien Lou su esposa: No se amargaba por su pobreza, ni se arrastró por riqueza y honor. Esta frase ¿no describe bien al maestro? El simplemente se emborrachaba y escribía poemas para entretenerse. Debe de haber vivido en una de esas épocas de gloria. ¿Durante el mandato del emperador Wu Huai, o fue bajo Ko-t’ien?

(Dos gobernantes legendarios bajo cuyo mandato se gestó una era dorada. De hecho, Wu Hai significa ‘sin problemas’).

Sello5sauces

閑靖小言
xian jing xiao yan
Ocioso / quietud/poco/palabra/

不慕 栄 利
bu mu rong li
No/Admirar/Honor/Beneficio/

“Ocioso, calmo, de pocas palabras, sin anhelar fama ni fortuna…”

Encabeza la lista de los poetas chinos, como un abuelo reverenciado, profundamente sabio, sosegado, estable, ecuánime y compasivo. Tao fue el primer poeta en imponer su voz natural a la poesía que escribía, luego tan apreciada por los que le siguieron. Fue muy admirado durante la dinastía T’ang y en particular en la Song, en la cual se consolidó su imagen de intachable y modelo a seguir.

Tao vivía acorde con el Ta Hua, Gran Transformación, el proceso terrenal mediante el cual todo cambio es espontáneo, proviene naturalmente. Y postulaba que la vida debía vivirse así, según llega, sin mediatizaciones ni preferencias.

Cuando Tao nos cuenta de sus deseos de dejar la vida mundana, dice que quiere retornar al Tzu-jan, el ser propio de la naturaleza. También es un retorno a un sí mismo que se pierde cuando se persigue el mundo exterior, cuando uno se distrae con espejismos. Y por fin, para Tao la muerte es el retorno completo, al hogar último.

En sus poemas siempre puede percibirse la maravilla ante el acto elemental de conciencia, el darse cuenta de pertenecer a esta tierra en la que vivimos, formando parte de este todo en trasformación constante. Por eso para Tao, desarrollarse por completo como persona era devenir una parte indistinguible de la tierra, de su Gran Transformación.

Se dedicó por completo a cultivar la inactividad, Hsien, carácter que etimológicamente nos muestra a un árbol entre las puertas de un jardín , o, en su otro forma de ser escrito, , la luna brillando a través de una puerta entreabierta. Esta inactividad es un tipo de estado meditativo del Tzu-jan, un estado en el que la vida diaria deviene la esencia de la práctica espiritual. De hecho, Tao es el primero en llevar una vida de monje fuera de un monasterio, fuera de una comunidad religiosa, llevando a la vida diaria, hogareña y hendida en la lucha por la subsistencia a transformarse en el elemento con el cual se ha de practicar.

Tao vivía en la ladera sur del monte Lu, 庐山, famoso por ser uno de los lugares que los eremitas elegían para vivir por su belleza y condiciones naturales privilegiadas para tal vida, y en donde había un templo budista muy famoso por aquellos días, cuyo abad, Hui-yüan intentó varias veces convencerlo para que se uniera a ellos, sin lograrlo, claro. Y aunque se mantuvo muy cercano al templo, nunca se vio tentado por ese estilo de vida. Más teniendo en cuenta cómo le gustaba el vino. Claro que, cuando él, como casi todos los poetas chinos cuando se refieren a estar ´borrachos´, es en realidad el estado que se logra cuando se toma lo suficiente como para lograr una atención serena y relajada. Un estado en donde la atención deja de imponer sus categorías clasificatorias al mundo y todo se vuelve una sola cosa. Cuando se ‘abren las puertas’.

No fue reconocido en su época, no coincidía su simplicidad con los cánones usuales, y recién durante la dinastía T'ang se lo rescató del olvido como a uno de los principales poetas pre-Tang y fue la influencia reconocida de Wang Wei, Li Po, Tu Fu y los poetas que los siguieron en la dinastía Song, también muy influenciados por Tao y donde se lo terminó de cimentar como referente a este tipo de poesía. Y en esta dinastía, fue el famoso Su Shi, quien terminó por hacer de él un ícono. A causa de tamaña reverencia, poco se ha estudiado para descubrir al hombre que dio lugar a esa leyenda.

 

La vida de Tao Yuang Ming

Los puntos principales de la vida de Tao, sus intentos por librarse de las luchas en su trabajo como funcionario público, y su eventual compromiso con la vida de recluso granjero, a pesar de la pobreza y el trabajo durísimo, devino en uno de los mitos típicos de la tradición literaria china. Hay muy poca información fidedigna acerca de su vida. Tan sólo la mitad de los 125 poemas que nos han llegado pueden datarse, de modo que ordenarlos cronológicamente es bastante difícil.

Nació en uno de los momentos más caóticos y violentos de la historia de China. Cuando la dinastía Han colapsó en el 220, China cayó en una defragmentación e inestabilidad que duró hasta que el país volvió a ser reunificado por los Sui unos 350 años más tarde.

Fue en el 317 en que por primera vez los bárbaros tomaron el control del norte de China y la corte de la dinastía Chin (Jin), que el tatarabuelo de Yuangming, Tao Kan (259-334) había contribuído a fundar, se vio obligada a huir hacia el sur, una región poblada por indigenas no-chinos. Estas familias que huían del norte tomaron control del lugar y crearon una especie de micro edad dorada en cuanto a cultura y refinamiento, a costa de sumir al campesinado nativo a una virtual esclavitud, provocando un creciente descontento que estalló en varias revueltas, la más violenta de todas durante los años de servicio de Tao. Y a los esfuerzos por sofocar estas rebeliones, o frenar los avances de los bárbaros del norte, debían también sumarse las luchas internas por el control del gobierno. Esta situación volvía al trabajo de funcionario muy delicado y hasta peligroso.

Si bien provenía de una familia muy prestigiosa, con el paso del tiempo habían perdido el poder de antaño. De todos modos, Tao se crió en un ambiente sofisticado y estaba destinado a formar parte del gobierno tal como su abuelo y su padre. Entró a trabajar en la administración en el año 393, a sus 29 años, en un pueblo cercano al suyo, pero no es muy claro qué puesto tenía ni qué papel jugó en las revueltas del momento. En el 396 el emperador fue estrangulado y ocupó su lugar uno de sus hijos, de cinco años de edad, controlado por la familia que realmente tenía el poder. Al tiempo, uno de los generales, Huan Hsuan, se fue haciendo cada vez más poderoso en su territorio y en el 399 controlaba casi toda la región oeste de Chin.

Debido a las peleas por el control del gobierno la posición de Tao se volvió peligrosa y decidió dejar su cargo, por primera vez, para volver a su granja. Allí estuvo durante un tiempo hasta que una mala cosecha le hizo tener que arremangarse y volver. Pero a fin de año otra vez renunció, quizá porque se había vuelto demasiado riesgoso ser funcionario en aquellos días tan violentos.

Y así, para la cosecha de aquel año, el 402, se dedicó por entero a la granja. Para el 405 la pelea entre los generales llegó a la zona en donde vivía Tao y si bien el general Huan Hsuan parecía llevar las de ganar, terminó siendo derrotado por el general Liu Yu, luego de que tomara la capital y quedara como el vencedor en la pelea por el poder de Chin. Si Tao hubiera seguido al servicio de Huan Hsuan… sus días hubieran terminado allí.

De todos modos, los Tao quedaron fuera de juego y otra vez las cosas en la granja no iban bien. Tao, una vez más, tuvo que buscar trabajo en la administración pública, esta vez bajo el mando del enemigo de su anterior patrón. Fue designado como magistrado en Peng-tse, pero, ochenta días después, una vez más, Tao renunció a su puesto. Se cuenta que llegó un inspector al pueblo y los ayudantes de Tao le urgieron que fuera a recibirlo y presentarle sus respetos. Ante lo cual exclamó: “Yo no me voy a andar agachando ante un palurdo por unas bolsas de arroz que me pagan.” Ahí terminaron definitivamente sus días como funcionario y, aunque varias veces después le fue ofrecido algún puesto, los 22 años de vida restantes los dedicó a la granja.

Con la ayuda del libro de David Hinton:
The Selected Poems of T’ao C’hie
Copper Canyon Press

 

Carta a mi amigo Tao,
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sabiendo que no habrá de leerla

Leo en ‘Tao Quian and the Chinese Poetic Tradition’ que caído en desgracia el confucionismo pre-Han se volvieron las miradas al viejo taoísmo y sus conceptos del No-Hacer, el retiro, dejar de lado las ambiciones y la carrera gubernamental, pero, como siempre, algunos buscaron el modo de hacer ‘blanco’ mientras se grita ‘negro’ y comenzaron los discursos acerca de ‘gobernar con la mente en el bosque’ y demás tapaderas de la ambición, un modo de estar a la par con las ideas vigentes y no dejar el hueso. Mucho oportunista resolvió así el dilema entre el retiro y el compromiso. Pero dicen que vos, viejo amigo, fuiste impecable al respecto.

Me quedo pensando en todo el esfuerzo que pone el autor de este libro, y tantos otros como él antes, para resguardar el logro de los reclusos. Yo no sé muy bien qué pensar de esas ‘reclusiones’. Pero yo soy el que duda, hasta de mí, está claro.

Leo tus poemas, despacio, como quien saborea una copa y pienso. Nuestro amigo Beni ya no está, la luna que alguna vez le robáramos con Nicasio sigue ahí. Otros se la llevarán cuando yo no esté y, como bien decís: quizá algunos parientes sientan algo de pena, pero los demás, una vez que dejaron el velorio... pronto estarán cantando.

El malestar está en la pregunta. Ahí es donde nos entrampamos, donde nos estampamos. Origamis de espacio. Necesidad y azar. ¿Por qué no? Esa es la respuesta más justa que he recibido a tantos porqués que me fueron sembrados.

Salto a otro trabajo sobre tu obra: Tan Yuanming and manuscritpt culture… ¡cómo te reirías si leyeras tanto que se ha dicho! A mi me gusta imaginarte cuando volvías de trabajar y dejabas tu hazada apoyada en un rincón junto a las otras herramientas, quizá barrías el patio de hojas, te lavabas un poco y te sentabas a la sombra a tomar un té o un vaso de vino mientras dejabas que tus huesos se acomodasen. Si la ocasión se daba, pedirías tu tintero y barra y rasparías algo de tinta. O quizá alguno de tus hijos, mandado por su madre, ya la había preparado y vos, agradecido, mojabas el pincel y lo dejabas ir contando lo que habías pensado ese día a lo mejor mientras volvías de trabajar, o la idea que habías rumiado mientras sacabas yuyos de tu sembrado… O simplemente porque el vino se te subía a la cabeza sin estar borracho, simplemente la puerta que se abre, y contabas lo que veías… Un gesto, casi, como quien sonríe, o aparta unas moscas molestas.

Me detengo un poco luego de leer el cuarto poema de la serie: ‘Otra vez en casa, entre jardines y sembrados’. Te imagino, exultante: “Chicos, ¿vamos a dar una vuelta?”, y lo que ocurría, gritos, alegría “¡Vamos! ¿a dónde, pa?, esperá, busco mis zapatos, ¿llevo abrigo?”, etc y salían a caminar por el campo.

Como contás de aquel día cuando durante un paseo, llegaron a una zona de casas abandonadas, yuyos en lo que fueron habitaciones, restos de chimeneas, techos vencidos y al ver a un viejo juntando leña por ahí cerca, preguntaste: “¿Qué pasó a quienes vivían aquí, dónde están?” Y el viejo te contestó, certero: “Una vez que morimos... nada queda”.

“En una generación cambia la gente de la corte y del mercado”, te dijiste, "la vida es cambio. Todo vuelve a la nada de dónde salió, ¿qué otra cosa?”.

Y los chicos siguieron jugando en las ruinas. ¡Cómo son las cosas de claras y no lo notamos! Cocinas en las que alguna vez hubo voces, aromas, comunión, risas. Clavos en la pared que alguna vez sostuvieron una lámpara… La vida sigue como si nada, la vemos en sus yuyos que parecen crecer insolentes y bribones en cuanto miramos a otro lado.

Qué hubieras pensado, cómo hubieras reido de saberlo: Un príncipe, muchos años después que hubieras muerto, tomó tanto afecto a tus poemas que se dedicó a compilarlos, copiando él y haciendo copiar tu obra. ¿Qué pensaría el príncipe mientras te leía? ¿Cuántas dudas habrás sembrado en su obligadas costumbres? Dejaría el pincel y miraría por la ventana a su precioso jardín y echaría de menos eso que nunca tuvo y que vos tan bien describís: un hogar ruidoso, el cansancio de todo un día de darle a la hazada disipado por el griterío de tus chicos, corriendo a recibirte. El fresco en tu cara cuando te la lavabas, el sabor del primer vaso que te acercaba tu mujer, un vino algo débil, un poco desabrido, de baja calidad ¡pero tu vino! …  Y ni te cuento cómo se relamería cuando contás cómo mandaste todas tus obligaciones al demonio y te quedaste en casa, en acuerdo con tu acostumbrado no-hacer.

Ese príncipe que tanto te admiraba pasó a la historia como el autor de una antología de poesía; se ve que mucho tiempo no le dedicaba a su real cargo. Y ya que estamos hablando del tema, una casualidad, el cartero hace unas horas dejó un paquete con el libro de aquel príncipe ¡ya tengo una copia en mi biblioteca! ¿No es para celebrar? Sí, claro que sí... ya sé, a este paso nos quedamos sin hígado, viejo amigo.



Leyendo tus poemas qué fácil parecen la renuncia y el abandono de la pelea. Me pregunto, irremediablemente, cuánto dolor queda fuera de los textos. No creo del todo en tu pobreza campesina, ni que pasaras tanto hambre. Lo creo a medias. Te creo en la intención, pero dejabas fuera del relato algo muy simple, la miseria es otra cosa, no te deja resto ni para escribir de ella siquiera. Esos desgraciados que sirgaban río arriba los botes desde los que lloran tan conmovedoramente los poetas desterrados. (Vergüenza debiera darnos.) Los porteadores que cargaban con los bártulos que se llevaban al exilio, los mendigos, los que simplemente se morían de a puñados, a esos nadie los relata. Como cuenta aquel poema El viento del soberano… Y los días que te tocaron vivir fueron bien generosos en desastres, pero no contás mucho de todo ese espanto. Casas abandonadas, sí, tumbas descuidadas, pero yo sé que el horror era mucho más que lo que dejas ver... No importa, tendrías tus motivos para dejarnos aparte. Y quizá sea mejor así.

No lo reprocho. Simplemente me fuerzo a hacerles un lugar en mi cabeza. Detrás de tu sudor a medias, de tu hambre a medias, de tus preocupaciones ciertas, pero medias, hubo y hay una cantidad de innombrados a la que se mantiene fuera de vista. No ha cambiado mucho la cosa. Los jodidos quedan dabajo de la pirámide, de la muralla, del puente que los aplasta. No digo más que esto: están. Siempre estuvieron. Me pregunto por cualquiera de ellos tan enajenados de cualquier poesía y que, sin embargo, ahí están… Sí, vale por otra copa.

Tao Yuang Ming
que llevabas un laúd sin cuerdas y
decías que era para tocar melodías silenciosas
cuando la emoción te dejaba sin palabras…

Cierta vez
llegó la fiesta del noveno día del noveno mes
y no tenías vino
no pudiendo celebrar como corresponde y
sin ánimo de molestar a nadie con tus problemas
te sentaste en el jardín delantero de tu casa y
esperaste...
Los vecinos te vieron y entendieron.
Le llegó el comentario a Wan Hon
y te envió vino de regalo.
Recibiste el presente, agradecido y
al fin entraste a tu casa.

Decidiste volver a la incertidumbre
antes que seguir empeñando tu tiempo en pos de un salario
que jamás será digno si pretende cobrarse
en dinero.
Preferiste tu casa de campo,
trabajar la tierra y arriesgarte
a las malas cosechas. Alguna vez
tuviste que tocar puertas vecinas
pidiendo algo de comer
pero descubriste que
fue ocasión para una nueva amistad,
otra vez canciones y vino
otra vez eso
que no hay modo de pagar.

Pensabas en mil años por delante
pero sabiamente preferías eternizar el momento,
sabías que esa mañana que tanto te alegraba
era la misma que disfrutaron sabios de mil años atrás,
está, plena de zorzales.
Las puertas abiertas,
las barreras caídas,
todo ahí!
  y mirá:
              ¡todavía dura!

Este quizá fue tu mejor epitafio:

“Murió durante la época de Yuanjia, a los 63 años.
Sus obras siguen circulando por el mundo.”

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