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Un Pavo Voló al Sudeste

Anónima

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Esto ocurrió a fines de la dinastía Han, durante los años 196 a 220 de nuestra era, en la prefectura de Luchiang. Un poeta de por aquellos días se sintió conmovido por la historia y compuso un poema.

El pavo a que se hace mención en el título no es el pavo que nosotros conocemos, sino una variedad silvestre, capaz de volar, y con plumas más parecidas a las del faisán. Su hábitat es el sur de China y probablemente llegaron a esa zona procedentes de la península malaya. Es el emblema de la belleza y de la dignidad. La condecoración con plumas de pavo era reservada para importantes servicios al estado hasta que en la dinastía Ming llegó a utilizarse para distinguir a los funcionarios del gobierno. Ya ven, ninguna de estas características tiene ni podría tener el pavo que nosotros conocemos. Bueno, veamos el poema ahora que nos damos mejor una idea del significado del título:
Una rara belleza, con gran dignidad, vuelve a su lugar de origen.

 
 
Un pavo voló hacia el sudeste,
luego de cinco leguas, vaciló.
“ A los 13 podía bordar seda blanca,
a los 14 sabía cocer vestidos.
A los 15 tocaba el chin,
a los 16 recitaba el libro de poemas
a los 17 me hicieron tu esposa
y mi corazón estaba partido de disgusto y tristeza.”
 
“Fuiste nombrado funcionario,
yo me mantuve casta, mi amor nunca se desvió.
Cantaban los gallos y yo ya estaba junto al telar,
día a día, noche a noche, sin descanso.
En tres días tejía cinco cortes de tela.
No era mi tejido que iba lento,
sino que es difícil ser una esposa en tu hogar.
No quiero ser echada,
pero no hay modo en que pueda quedarme.
De modo que, por favor, habla con tu madre
para que pueda ser devuelta pronto a mi hogar.”
 
Cuando el joven funcionario escuchó estas palabras
se dirigió a las habitaciones de su madre y habló con ella.
“De niño mi carta astral decía que sería desafortunado,
pero tuve gran suerte en tener una esposa como ella.
Nuestra cabellera se unió (nos casamos), compartimos almohada y cama,
nos prometimos amor eterno hasta nuestro fin,
ambos te servimos con esmero durante estos tres años.
Desde que llegó aquí
la conducta de esta mujer es impecable, entonces,
¿por qué la tratas tan mal?”
 
La madre dijo al joven funcionario:
“Cómo puedes ser tan débil!,
¡esa mujer no tiene el menor sentido del decoro!,
todo pretende hacerlo a su manera,
he contenido mi rabia por mucho tiempo,
¡y no la defiendas!
Nuestro vecino del este tiene una hija
buena, digna de vos, se llama Chin Lofu,
¡tan bonita, imposible de comparar!
Yo te la conseguiré como esposa,
mejor que nos deshagamos de esta
bien pronto,
            repúdiala,
no pienso dejar que se quede aquí!

El joven funcionario se inclinó ante su madre,
“Sólo esto puedo decirte, madre,
si tu echas a mi esposa,
no me volveré a casar en mi vida!”
La madre escuchó sus palabras,
saltó de dónde estaba sentada y gritó
“¡Mi hijo me falta el respeto!
¡Cómo te atreves a defender a tu esposa!
He perdido todos mis sentimientos hacia ti,
¡no permitiré que me desobedezcas!”
 
El joven funcionario guardó silencio,
se inclinó dos veces y volvió a sus habitaciones.
Tartamudeando, no pudiendo articular una frase,
se dirigió a su esposa
“Jamás te pediría que te vayas de mi lado,
pero ahí está mi madre, resongando a los gritos,
será mejor que te vayas a tu casa por unos días,
yo tengo que viajar por trabajo.
No será por mucho tiempo, pronto estaré de vuelta,
y en cuanto regrese mandaré por ti.
Mejor tranquilizate, no te preocupes más,
ten confianza en mí, todo se va a arreglar...!”.

Le dijo la joven esposa,
“¡Basta con este disparate!
Hace mucho, comenzaba la primavera,
cuando dejé mi hogar para venir a tu lado.
Todo lo que hice fue obedecer a tu madre,
jamás hice las cosas como me parecían.
Día y noche me esforcé en el trabajo de la casa,
sin parar hasta que la fatiga me paralizaba,
yo sé que no me comporté mal,
hice todo lo que pude por pagar
la deuda contraída con tu madre.
Y ahora me echa de su casa-
¿cómo podés decirme
que luego de un tiempo vuelva?
Tengo un vestido bordado,
tan precioso que brilla con su propia luz.
Tengo unos cortinados dobles para la cama matrimonial,
con pequeñas bolsitas con esencias perfumadas,
una para cada esquina,
tengo cajas y cestas, sesenta o setenta de ellas,
atadas con cintas de colores,
cada una de una forma diferente,
y en ellas todo tipo de artículos útiles y preciosos.
Pero si una persona no tiene valor alguno,
seguramente sus cosas tampoco,
no creo que le sirvan a quien venga a reemplazarme.
De todos modos dejo todas mis cosas,
quizá puedan utilizarse como regalos.
No volveremos a vernos,
de vez en cuando míralos, si te place,
y a lo largo de los años, por favor, ¡no me olvides!”


 
Los gallos comenzaron a cantar, amanecía;
la esposa se levantó, se vistió con cuidado,
se puso su pollera bordada,
realizando cada movimiento cuatro o cinco veces
Calzó en sus pies los zapatos de seda
sobre su cabeza la peineta de carey,
sobre su cintura ató un lazo de seda,
en sus orejas colocó aros de perlas.
Sus dedos eran alargados, su boca
como si fuera delineada por bermellón,
graciosamente caminó con pasos cortos,
con una gracia inigualable en el mundo.
 

 
Subió al hall, se arrodilló frente a su suegra y
la suegra dio el consentimiento a su partida, no la detuvo.
“En el pasado, cuando yo era pequeña,
habiendo nacido en el campo carecí
de una instrucción y educación apropiada,
y se sumó a mi mala suerte
el haber entrado a su familia.
Recibí generosamente de usted
cantidad de presentes y ropas pero
nunca pude servirla como se merecía.
Hoy vuelvo a mi antiguo hogar,
y lamento si con mi partida queda usted escasa de ayuda.”
Luego fue a despedirse de su pequeña cuñada,
las lágrimas le caían como un rosario de perlas.
“Cuando recién llegué aquí como una novia
recién aprendías a ponerte de pie y te agarrabas de la cama,
y hoy, cuando me devuelven a mi antigua casa
ya estás tan alta como yo!
Sé diligente, cuida de tu madre,
y cuida de tí del mismo modo.
Cuando lleguen los días festivos
recuerda lo juegos que jugábamos juntas.”
Luego salió por la puerta, subió al carruaje y partió,
sus lágrimas cayendo como cien torrentes, o más.
El funcionario ya había partido en su caballo,
antes que la mujer en su carruaje,
rumble rumble, traca traca las ruedas iban,
y a la entrada de la ruta ambos se encontraron.
El joven desmontó de su caballo y subió al carruaje,
con la cabeza gacha así le habló al oído:
“Juro que jamás te dejaré-
sólo ve a casa por una temporada.
Tengo que ocuparme de asuntos del gobierno
lejos de aquí, pero volveré pronto.
Juro al Cielo que no seré desleal!”
 
La joven esposa dijo al marido:
“Estoy agradecida por tu preocupación.
Si es así que tanto te intereso,
puedo esperar que tu regreso sea pronto.
Tienes que comportarte como una roca y
yo ser ligera como un junco.
Los juncos son fuertes por su capacidad de ceder,
las rocas son inamovibles.
Pero yo tengo a mi padre y un hermano mayor
con temperamento violento como el trueno.
Dudo que me dejen en paz,
se sólo pensarlo mi corazón tiembla!”.
Y dejaron que sus manos se despidan con mil cariños,
dos almas unidas por un solo deseo…
 
A través del portón entra a su antigua casa la joven esposa,
no sabiendo cómo enfrentar a su familia.
Su madre juntó su manos al cielo y exclamó
“De todos los hijos, jamás creí que ella sería rechazada!
a los 13 le enseñé a tejer,
a los 14 ya sabías cómo coser un vestido,
a los 15 tocabas muy bien el chin,
a los 16 comprendías las normas de comportamiento y decoro,
a los 17 te envié como prometida,
convencida de que jamás faltarías a tus votos.
Cómo, entonces, si no te has comportado mal,
cómo es que te mandan de vuelta a casa?!”
Lanzhi se avergonzó ante su madre y
sólo alcanzó a contestar:
“En verdad, madre, no he hecho nada malo!”,
y su madre se apenó enormemente por ella.
 
Cuando habían pasado unos diez días más o menos,
el magistrado del lugar envió un casamentero:
“Es por el tercer hijo del magistrado, dijo,
un muchacho muy buen mozo, como pocos se han visto,
recién cumplidos los dieciocho o diecinueve,
brillante cuando habla, un chico con mucho talento!”
La madre le dijo a su hija,
“Mira, es una propuesta que merece contemplarse”
Pero la hija, cubierta de lágrimas, respondió
“Cuando regresé a casa,
mi esposo me lo pidió una y otra vez
y juntos nos juramos que jamás nos separaríamos.
Si hoy tuviera que faltar a tal juramento,
qué podría esperarse de mi?
Rompamos estas negociaciones,
o digamos que necesitamos más tiempo para pensarlo.”
La madre le dijo al casamentero:
“La chica de nuestra pobre y humilde casa
recién ha sido devuelta de su primer matrimonio.
Si no fue encontrada acorde para mujer de un funcionario menor,
cómo va a ser ahora la esposa del hijo del magistrado?
Les ruego que busquen alguien más apropiado,
nosotros nunca podríamos consentir.”
 
A los pocos días de que el casamentero pasara,
tocó a la puerta un enviado del gobernador
con la siguiente propuesta,
ya que la familia de la joven Lanzhi
había sido por varias generaciones miembros del gobierno,
el gobernador había pensado en que su quinto hijo,
el favorito, y todavía soltero,
podría unirse a la joven y de ese modo las familias
sumar poder y conveniencia, que por eso venía,
“En la familia del gobernador
está este joven caballero al que quieren casar
con vuestra hija y por tal motivo he sido enviado
a vuestra honorable casa.”
La madre se disculpó ante el enviado:
“Mi hija ya ha dado su palabra en otro lugar,
qué puede decir ahora una vieja como yo?”.
 
Cuando el hermano mayor de Lanzhi se enteró,
se enojó muchísimo y le dijo a su hermana menor:
“Qué es esta insensatez por parte tuya,
qué manera de manejar tu futuro es esta!
Estabas casada con un oficial menor y ahora
puedes unirte a un caballero tan fino,
cómo se te ocurre rechazar esta oferta?.
Lanzhi levantó su cabeza y le contestó:
“Lo que decís es razonable, hermano.
Dejé a mi familia para servir a un marido,
pero estoy acá devuelta a la casa de mi hermano.
Tus deseos deberían ser ley en estas cuestiones,
cómo podría yo intentar imponer mis ideas?
A pesar de que mi antiguo marido y yo hicimos promesas,
es seguro que ya jamás volveré a verlo.
Demos consentimiento a este pedido, entonces,
y comencemos con los arreglos para el matrimonio.”
 
El casamentero tuvo que sentarse ante la sorpresa
y solo decía: “Muy bien, qué bien, sí, claro, sí, sí!”
Y volvió con la respuesta afirmativa a casa del gobernador,
“Vuestro sirviente ha cumplido con lo encomendado,
la charla terminó en un espléndido arreglo!”
Cuando escuchó el gobernador,
su corazón se llenó de alegría y entusiasmo.
Miró al calendario, consultó los libros,
y llegó a la conclusión de que ese mismo mes era apropiado.
“Todo dice que es una época propicia,
el día 30 es muy apropiado, veamos, hoy es 27,
vuelve y arregla todo para la boda!”
 
Se habló, los preparativos comenzaron,
incesantes corridas, como ríos de nubes,
gorriones y gansos corriendo en el viento,
carros dorados con ruedas coronadas en jade,
iban y venían mensajes y presentes,
un regalo de bodas de tres millones en efectivo,
todas las monedas doradas en cordones verdes,
tres cientos rollos de tela en ropas de distintos colores,
exóticos pescados comprados en las lejanas
ciudades costeras sureñas de Jiao y Guang,
sirvientes, cuatrocientos o quinientos de ellos,
todo saliendo en tandas de las puertas del gobernador.
La madre le dijo a su hija:
“¡Has recibido una carta del gobernador.
Mañana se acercará a saludarte-
por qué no vas preparando las ropas adecuadas?
No vayas a estropearlo todo ahora!”.
La hija guardaba silencio, nada decía,
con un pañuelo enjugaba sus lágrimas
que rodaban como si fuera una cascada.
Movió su precioso asiento junto a una ventana
en sus manos una regla y una tijera y
un rollo de tela satinada y gazas.
Para la mañana ya había terminado su camisa,
para la tarde la pollera, y al atardecer
su chaqueta y al terminar el día y ocultarse el sol,
con pensamientos sombríos se dirigió a la puerta de entrada, llorando.
 
Cuando llegó a oídos del joven funcionario
pidió permiso para regresar por un tiempo a su hogar,
y cuando aún estaba a dos o tres kilómetros
su caballo comenzó a relinchar lastimeramente.
La joven esposa reconoció de lejos al caballo,
calzándose sus zapatos salió a recibirlo,
mirando ansiosa a la distancia,
y entonces lo supo: su marido había regresado!
Levantó su mano y golpeó la montura,
con lágrimas que brotaban de su corazón.
“Desde que nos apartamos
innumerables cosas han ocurrido!
No pude sostener mi promesa,
pero creo que vas a entender cómo sucedió.
Tengo padres a los que obedecer,
y mi hermano presionó también,
y lograron que diera mi palabra a otro hombre-
¿cómo podía saber yo que volverías por mi?”
El joven funcionario dijo a su esposa:
“Debo felicitarte por tu modo de prosperar en el mundo!
La roca es sólida y permanente-
puede permanecer inalterable por miles de años.
Pero los juncos –su fuerza dura de la mañana
al atardecer!
Te volverás poderosa y muy respetada día a día-
yo viajaré solo al Otro Mundo!”.
Su esposa dijo al joven funcionario:
“Qué estás queriendo decirme al hablar así?!
Ambos fuimos forzados contra nuestra voluntad,
tanto vos como yo lo fuimos!
Y si tiene que ser en el Otro Mundo en dónde
nos vamos a encontrar… ¡pues que así sea!”
Dieron por terminada la discusión y
cada uno siguió volvió con su familia.
Aún vivos estaban separados como lo hubieran estado muertos,
con grandísimo dolor y resentimiento, tan solo pensando
en cómo abandonar este mundo desgraciado,
conscientes de que no podían seguir así mucho más.
El joven funcionario regresó a su casa y
subió a las habitaciones de su madre,
se arrodilló frente a ella y le dijo:
“Hoy los vientos soplan fieros y fríos,
estos vientos lastiman los tres miembros y
las orquídeas del jardín quedaron sepultadas por el hielo,
(el nombre de su esposa, en chino significa orquídea)
vuestro hijo hoy camina en las tinieblas rumbo
y quedarás sola ahora, y esto lo hago por propia voluntad-
no culpes a dioses o a espíritus.
Ojalá los años que te quedan sean firmes como rocas en las montañas y
vuestros cuatro miembros se mantengan fuertes y firmes.”
Cuando la madre escuchó estas palabras,
con lágrimas en los ojos, le respondió:
“Eres el hijo de una gran familia
que ha servido en las oficinas gubernamentales desde siempre.
No seas tonto, no mereces morir por esa mujer,
cuando ella es tanto más inferior a ti!
Nuestros vecinos del este tienen una hija preciosa,
su belleza no tiene igual en toda la ciudad.
Tu madre hará los arreglos para que sea tuya,
y lo haré antes de que termine el día!”
El joven se inclinó una vez ante su madre y dejó la habitación
y en sus habitaciones se lamento desgarradoramente y
fue entonces que pensó en lo que haría,
volvió su cabeza y miró a través de la puerta
el dolor oprimiéndole el pecho más que nunca.
 
Ese día las vacas mugieron, los caballos relincharon
cuando la novia entró al compartimiento nupcial.
Y luego de que cayera la noche
cuando todo estaba quieto y la gente descansaba
ella dijo: “Mi vida termina hoy,
mi alma se va, mi cuerpo quedará.”
Levantó su pollera, se quitó los zapatos de seda,
y se tiró al lago traslúcido.
Cuando el joven funcionario se enteró
comprendió, ahora sí, que estarían separados para siempre.
Dio unos pasos alrededor del árbol,
y se colgó de una rama que daba al sudeste.
 
Las dos familias accedieron a enterrarlos juntos,
los enterraron en la ladera de la Montaña de las Flores.
Al este y oeste fueron plantados cipreses,
izquierda y derecha plantaron otros árboles.
Las ramas crecieron y se unieron formando un pabellón
hojas tras hojas entremezcladas.
Y en el medio de ellas, dos pájaros,
dos patos mandarines,
que levantaron sus cabezas y gritaron uno a otro
durante toda la noche hasta que despuntó el día.
Los viajeros detenían su marcha para escuchar,
y esto les digo a ustedes, oyentes de tiempos futuros:
recuerdenla, jamás olviden esta historia!
 

 


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