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A mi amigo

Escrutador de Orugas

y otros poemas

致 力 老 看 蚕

Zhi-li Lao Kan Tzan

Shou Tiao Chuang


 

 

Me preguntas cuándo volveré a casa...

No estoy seguro.

Aquí los días se pasan sin dejar rastro,

mi barca se mece entre islas pobladas de montañas

desde las que llegan infinidad de cantos...

Y cuando izo mis velas

el viento parece empeñado

en llevarme más y más lejos.

 

En cada una de estas islas

hay cantidad de bahías protegidas y

mi bote elige dónde pasar la noche

cuando el sol declina.

Tiro el ancla, preparo algo de arroz,

y luego de acomodar todo,

enciendo un farol y leo los libros

que generosamente

olvidaste a bordo el día que nos despedimos.

 

Recuerdo la vieja tonada,

Quisiera que estuvieras aquí...





DEJAR IR


De chico

siempre me atrajo más

una página escrita

que una hazada.

Sorprendido vi

que no era lo común y

todo el mundo me señalaba.

En tiempos de paz

un magnífico caballo,

sí, pero para mí

es suficiente verlo,

¿a qué montar?

Siempre el precio

es demasiado

caro.

El tiempo no tiene

reposición.

La hazada se oxida

apoyada sobre la pared,

y los libros pierden sus páginas

en los estantes,

no importa

llega el momento en que

no hacen falta.

Penas y alegrías

se suceden,

como el tiempo.

Ya no vale la pena

siquiera soltar la flecha,

yo sé cuándo cae el pájaro.

Y es suficiente

para mí.

 

 

 

VUELVO A LO YANG


Las banderas del bar

flamean encima de mí,

entrecierro los ojos

el cuerpo, dolorido,

se recupera del viaje.

¿Quieres una copa?

¿De dónde vienes, viajero?

Polvo del camino,

disculpen mis modales

estoy cansado

y feliz de encontrar un lugar

amigable,

agua para mi caballo

vino y algo de comer para mí,

Lo Yang, ¿cuánto falta?

Descansa viejo,

tras aquella colina está el camino imperial,

pero no te apures,

no soplan buenos vientos

en la Capital-

mejor quedate con nosotros

y cuéntanos que viste

más allá de las montañas del norte…

 

 

 

AL MONJE DE LA MONTAÑA HELADA

 

Hace tiempo que no se detienen carruajes

frente a mi portón.

Tampoco llegan los antiguos

proveedores.

Todas las cuentas pagadas

pero aún no consigo

seguir tus pasos

y dejar que el arroyo

limpie mis oídos.

 




ATARDECER DE INVIERNO


Al atardecer camino hacia

la orilla del norte.

Los cormoranes han vuelto

y descansan sobre las ramas secas

del árbol anegado.

Recuerdo otros momentos

junto a esta misma orilla.

El sol se pone,

igual que lo hizo antes.





 

 

 



Shou Tiao Chuang, 吊床守, o Shou Tiao Dzhu Ren, 吊床主人(Cuidador de Hamacas). Vivió alrededor del año 260, en el reinado de Wei, en Chu Lin, 竹林, (Bosque de Bambúes), en la Prefectura de Shan-yang, cerca de Lo Yang.

Junto a su entrañable amigo Lao Kan Tzan, 老看蚕, (Viejo Escrutador de Orugas), formaban parte del grupo de intelectuales que emigraron al sur al caer la dinastía Chin del Este en poder de los bárbaros del norte.

Frecuentaban, sin ser muy reconocidos, al grupo de los Siete Sabios del Bosquecito de Bambú, y generalmente componían poemas que se enviaban uno a otro. No gustaban mucho de sociedades ni grupos literarios, más bien se juntaban en el Bosquecito de Bambú para tomar vino, mirar la luna, reírse de los cuentos que allí se contaban y componer algún poema junto a sus amigos.

Es poco lo que se sabe de ellos y por escasas menciones en alguna de las tantas anécdotas de sus amigos famosos, los Siete Sabios, pero a través de esos datos y lo que cuentan en los pocos poemas de ellos que quedaron registrados, podemos inferir algo de sus vidas. Lao Kan Tzan era menor que Tiao Chuang, pero este se consideraba su discípulo. Vivían retirados, con pocos amigos debido a un carácter hosco y de poca paciencia para con sus ‘cretinos congéneres’ y su humor bastante ácido que les acarreó singulares inconvenientes como a muchos de su generación. Ambos nombres son literarios y no se conocen sus nombres familiares. Sabemos por los poemas de su amigo que Lao Kan Tzan murió joven. Sus obras, poco difundidas dado el nulo interés de sus autores en ser reconocidos, reflejan el espíritu de aquella época, y de aquellos que fueron llamados Los Libres e Irrestrictos (cap. 23 del Shih-shuo Hsin-Yu, 世說新語, Nueva Recopilación de los Cuentos del Mundo, de Liu I-ch’ing). Disconformes, borrachines, abrumados, perplejos ante lo que la vida trae consigo. Observadores no participantes, que vivían retirados y a contrapelo de los dictámenes de la sociedad que les tocaba en suerte. No se ocuparon de su obra a la que juzgaban sin importancia y de mero entretenimiento, y lo poco que se conserva ha sido por menciones de otros poetas o libros de eruditos de años posteriores, como en el Chin Shu, (Historia de la Dinastía Chin) de Fang Hsuan-lin, del 644, el Shui-chin Chu, 水經注 (Un Comentario al Clasico de los Ríos) de Li Tao-yuan (527), en el que se adosan cuantiosos comentarios y anécdotas que el autor recoge de distintos sitios a través del curso de las aguas que describe, y el T’ai-p’ing kuang-chi, 太平廣記, Pasajes Extendidos del Reino de la Gran Tranquilidad, compilación ordenada por la casa imperial a cargo de Li Fang, aproximadamente en el año 980.

 

 


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